Monterrey

Marco Pérez Valtier: Los retos de Nuevo León en materia de finanzas públicas

La dependencia que tienen los estados de la República en materia de ingresos que provienen de la Federación es muy alta.

Resulta incuestionable la alta dependencia que tiene no solo Nuevo León, sino todos los estados de la República, en materia de ingresos que provienen de la Federación, y una rápida repasada a la Ley de Ingresos y a la Ley de Egresos del Estado para 2021, lo pone en evidencia.

En efecto, si atendemos a la naturaleza de los ingresos consignados en Ley de Ingresos del estado para 2021, se tiene que, excluyendo ingresos por financiamientos, solo el 18.6 por ciento de los ingresos totales provienen de ingresos propios estatales, ($18,083.8 millones de pesos) de los cuales la mayor parte, $10,501.6 millones proviene de Impuestos, destacando el Impuesto Sobre Nóminas como el principal aportante, con casi el 92 por ciento del total de impuestos recaudados en el estado.

Sin embargo, en otras ocasiones he comentado que es una práctica común en materia de finanzas públicas estatales en N.L., registrar como ingresos “propios”, vía aprovechamientos, recursos que en realidad NO son propios, pues provienen de Organismos y Empresas del propio estado, como es el caso del Instituto de Control Vehicular, que a su vez provienen de deuda, lo cual, no por ser práctica común, lo hace correcto, pero esto puede ser tema a tratar en otra nota.

Por otro lado, si en lugar de atender a la naturaleza de los ingresos que recibirá el estado, analizamos el monto del total de gasto a erogar, aprobado por el Congreso, el cual contempla la totalidad de los ingresos a percibir, incluyendo financiamientos, y que es de $107,167.1 millones de pesos para este año 2021, lo que se encuentra es que el ingreso propio solo financia el 16.9 por ciento del gasto total, y excluyendo los registros irregulares de “aprovechamientos” que provienen de colocación de deuda, lo que se tiene es que por cada peso que va a gastar el Gobierno del estado en 2021, los ingresos propios estatales alcanzan a cubrir solo un poco más de 13 centavos de cada peso gastado.

Si consideramos que los financiamientos y los excedentes de ejercicios fiscales anteriores sufragan como 10 centavos de cada peso gastado, tenemos entonces que 77 centavos de cada peso que está gastando nuestro estrado este año, lo hace con recursos que provienen de la Federación, lo que pone de manifiesto la elevada dependencia que tiene nuestro estado en recursos federales.

Obviamente que esto puede llamar a iniciar acciones tendientes a que la Federación nos envíe más recursos al estado, sin embargo, la vía a elegir es la que se debe analizar con cuidado.

La alternativa de intentar obtener más recursos, modificando las fórmulas de reparto, es la que luce menos probable, ya que esto implicaría que habría estados con menores recursos federales, pues lo que un estado gana, otro u otros lo pierde.

Esta opción, de modificar las fórmulas de reparto, solo es factible cuando aumenta la bolsa a repartir entre los estados, lo que regularmente ocurre cuando se aprueba una reforma impositiva, como fue el caso de la reforma de Calderón de 2008, cuando entró en vigor el Impuesto Empresarial a Tasa Única.

Adicionalmente, para que la reforma pase sin tantos problemas, generalmente a cada estado se le garantiza que sus recursos no van a disminuir con motivo de las nuevas fórmulas de reparto, ya que estas se aplicaran en el margen, a los recursos adicionales que genere la reforma impositiva, tal y como sucedió en 2008.

Otra alternativa, es conseguir que la Federación incremente los recursos transferidos a los estados, ya sea mediante un aumento al porcentaje de recursos que se reparten vía el Fondo General de Participaciones, o incrementando los impuestos federales que son cien por ciento participables a los estados, como el de automóviles nuevos, o el ISR de los burócratas de gobiernos locales.

El problema aquí, es que una alternativa como esa, dejaría a la Federación con menos recursos, precisamente cuando las finanzas públicas nacionales pasan por momentos difíciles, ya que el impacto económico de la pandemia se está viendo reflejado en una menor recaudación impositiva.

Si consideramos que la expectativa es que en lo que resta del sexenio no habrá márgenes adicionales para incrementar la recaudación, so pena de afectar la incipiente recuperación económica, el escenario no luce favorable.

La única opción que podría tomarse, es la de aumentar los recursos federales transferidos a los estados, pero aparejados de mayores atributos de gasto, que le permitieran al gobierno federal, no agravar su déficit.

En resumen, no considero que estén dadas las condiciones para conseguir mayores recursos de libre disposición provenientes de la federación, por lo que las opciones para enfrentar el déficit actual, tendrán que provenir de mayores recursos propios y de menor gasto.

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