Monterrey

José de Jesús García: El bienestar y el envejecimiento activo

Recientemente se llevó a cabo el Primer Simposio Latinoamericano de Rehabilitación Geriátrica.

Alguna vez escuché una descripción de cómo cambian los anhelos del ser humano dependiendo de su edad. Comenzaban estos anhelos con el poder caminar por si solos, ir al baño sin ayuda y tener amigos, entre otras cosas. Las necesidades iban evolucionando hasta regresar a lo mismo en la edad adulta: tener amigos, ir al baño sin ayuda y poder caminar por si solos.

Recientemente se llevó a cabo el Primer Simposio Latinoamericano de Rehabilitación Geriátrica en el cual participé con una charla acerca del bienestar y el envejecimiento activo. Si bien el bienestar es un tema en el que he trabajado durante ya varios años, el concepto de “envejecer activamente” fue nuevo para mí. Afortunadamente, el tema es algo que se maneja con regularidad, incluso a nivel de la OMS, la cual lo define como “El proceso a través del cual se optimizan las oportunidades de bienestar físico, social y mental, con el objetivo de ampliar la esperanza de vida saludable, la productividad y la calidad de vida en la vejez”.

El tema no es trivial. En muchos de los casos, las personas mayores requieren de cuidados de parte de los familiares o de alguna institución debido a sus problemas de salud. Las personas de la tercera edad en México (aquellos mayores de 60 años, según la definición del IMSS) cada vez representan un porcentaje más significativo dentro de la pirámide poblacional. En 1990, los adultos mayores eran apenas el 6.37% de la población, mientras que en 2020 este porcentaje fue del 11.24%. Pero quizá lo más dramático de las cifras en este tema es que mientras en 1990 había 7 adultos de entre 20 y 60 años por cada adulto mayor, en el 2020 esta proporción bajó a 5. Seguramente esta cifra seguirá bajando paulatinamente, lo cual implica que cada vez habrá menos familiares para cuidar al adulto mayor.

Muchas personas pudieran disfrutar más de sus días de adultez si conocieran y practicaran algunas de las herramientas que existen para una vida de calidad en esta etapa. Del mismo modo, quienes aun conviven con ellos pueden trabajar en estas herramientas para que ambos grupos puedan llevar una mejor vida. Por naturaleza, los latinoamericanos solemos acompañar a nuestros parientes para que no envejezcan solos y adquirimos la responsabilidad de sus cuidados. Con frecuencia, esta responsabilidad puede restar calidad a nuestras vidas.

Dentro de las herramientas más recomendadas para poder llevar un envejecimiento activo e impulsar un mayor bienestar en la edad adulta, se encuentran las siguientes: Conservar los hábitos saludables, hacer ejercicio, llevar una alimentación adecuada y vigilar estrictamente la salud. También se recomienda estar en contacto con la naturaleza, cuidar las relaciones personales con los amigos y con la familia y mantenerse ocupado.

Estas herramientas descansan en el sentido común y son una extensión de las bases que sustentan el bienestar integral de los seres humanos. En cierta medida, las prioridades y las intensidades pueden cambiar ligeramente. Por ejemplo, el aspecto material pasa a ser más un aspecto de supervivencia que de crecimiento. Salvo casos especiales, al llegar a esta etapa hemos acumulado ya lo suficiente para poder cubrir nuestras necesidades materiales básicas, ya sea por ahorros o por pensiones. En el caso del ejercicio físico, ya no es tan importante lucir esbelto o marcar nuestro abdomen, sino más bien se busca que nuestras articulaciones y nuestros músculos sean lo suficientemente sanos como para poder movernos de manera independiente.

Como sociedad existen algunas medidas que podemos emprender también. Primeramente, debemos de reconocer que los adultos mayores poseen necesidades específicas que deben de ser atendidas en consecuencia. No podemos esperar que sus reacciones sean las de un adulto joven o las de un adolecente. En ese sentido, los sistemas de salud deben de contar con personal capacitado para la atención de los adultos mayores y para educar a quienes cuidan de ellos de manera cotidiana.

A nivel gobierno es importante saber en dónde nos encontramos con respecto al nivel de bienestar de nuestros adultos mayores. Un primer paso sería medir este nivel de bienestar para así emprender acciones adecuadas. Una alternativa de medición que tenemos a disposición es el Índice de Envejecimiento Activo, administrado por la UNECE (Comisión Económica para Europa de las Naciones Unidas), el cual considera indicadores tales como tasa de empleo a diferentes edades, actividades de voluntariado, vida independiente y bienestar mental, entre otros.

Cuidar de nuestros familiares mayores es algo que llevamos en el ADN. Diseñar un plan que coadyuve a su bienestar traerá muchos beneficios para ellos, para nosotros y para la sociedad en general.

Todos aspiramos a una vida larga y con calidad. Si hacemos uso de estas herramientas, tal vez el ir al baño sin ayuda, el caminar de manera independiente y el contar con amigos resulte más la norma que la excepción para nuestros adultos mayores.

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