Si ahora los apoyos llegan sin coerción ni presiones de algún delegado ¿Cómo no creerle al presidente? La situación en El Salvador asusta porque va volando hacia la no-democracia. El pasado fin de semana la Asamblea destituyó a las magistraturas de la Corte Suprema de Justicia y al Fiscal General, es decir, rompió el pacto democrático que mantiene el equilibrio en la balanza del poder.
Por años las élites y partidos políticos hicieron muchas cosas bien, pero también muchas cosas mal. Solapar, desde la ineficacia del amiguismo, hasta el robo de fondos públicos. De tantito en tantito se normalizó el nepotismo simulado, la negligencia se hizo costumbre a conveniencia y las leyes se malearon a voluntad.
Esta normalización de prácticas, de tantito en tantito volvió descarado al sistema. Más de medio siglo haciendo política flexible, torciendo principios y ahorcando ideologías. Con tal de ganar un puesto, de tantito en tantito la derecha e izquierda se mezclaron, los programas de gobierno se volvieron pegotes sin coherencia ni razón. También las élites económicas aprendieron a ganar con los meneos en la política, por un contrato repartieron un moche, abrieron una empresa ad hoc o prestaron su nombre.
Tal vez no se dieron cuenta porque de tantito en tantito y con tal de ganar, gobernar para el pueblo perdió importancia. Hoy se preocupan por las instituciones, por la legalidad y por el Estado de Derecho, tuvo que llegar el populismo para valorar la democracia.
Estas condiciones se repiten en buena parte de Latinoamérica, las élites que hoy son oposición dan palos de ciego tratando de recuperar la confianza de la gente. Hay alertas porque se quiere debilitar a las instituciones, las mismas instituciones que poco a poco fueron abandonando su misión. Se advierte que vendrá el peor fracaso económico a una población que difícilmente puede ser más pobre. Estas oposiciones en vez de buscar un regreso deberían pensar en la transición, si la mayoría de la población siente que está mejor, ¿por qué regresar a lo anterior?
El presidente Bukele tiene una popularidad arriba del 90% a casi dos años de gobierno, atendió las condiciones de pobreza y abandono y eso le funcionó. Esa tierra fértil se preparó mucho antes, cuando empezaron a aflojarse los principios democráticos y se normalizaron las prácticas del amiguismo, el nepotismo y el encubrimiento.
La respuesta de la oposición ha sido reactiva, también en México, mucho antagonismo y pocas propuestas, habría que inventarse soluciones innovadoras de gobierno que convenzan sobre todo a las mayorías. En Nuevo León las élites políticas tradicionales se convirtieron en oposición cuando el voto se volcó por un candidato independiente para la gubernatura, por voluntad de la ciudadanía alguien nuevo se sentó en la balanza del poder, hubo reacomodos y el equilibrio se mantuvo, la democracia se fortaleció. Seis años después se ven los beneficios de la reelección, hay candidaturas reforzadas por el voto duro, personalizado, que se ganaron por una buena gestión. Entre las candidaturas independientes y la reelección el poder se reacomodó en el estado, en estas experiencias hay mucho material para delinear una transición. Los espacios a la ciudadanía generaron el cambio. En primer lugar, el poder que da gobernar para la ciudadanía.