El mes pasado entre toda la fricción causada por la insistencia de acabar con la reforma energética para fortalecer a la CFE, sale su director general a decir que les están robando. Para pronto la prensa publicó esto en primera plana y si leyéramos solo los títulos, cualquiera pensaría que esto es lógico ya que hay miles de usuarios que usan “diablitos” y otros mecanismos para alterar las conexiones y que no se mida la totalidad del consumo de energía.
Pero sorpresa, el director, no se refería a ese robo de luz, que, por cierto, se estima en aproximadamente $12,500 millones de pesos repartidos en 75,000 diablitos. Su reclamo era a las empresas que le apostaron a invertir en generar su propia energía y mucha parte de esta, renovable. Este reclamo parecería un chiste, pero es real.
El mundo entero está cambiando hacia energías limpias y hasta las principales petroleras están cambiando su estrategia empezando a invertir en la transición energética. Y en México se le reclama a la IP y a los usuarios de la CFE que tuvieron la visión de invertir a largo plazo por algo que ayudaría a mejorar su competitividad mediante la reducción y certidumbre de su costo energético. Todo esto, al mismo tiempo que reducen las emisiones de CO2. Ah y también apoyando a CFE en una reducción de inversión en plantas y equipos para generar esta energía. Suena totalmente absurdo que se haga esta queja públicamente. Es cierto que la red de CFE está siendo usada por estos usuarios “que roban”, pero están interconectados legalmente a su red y se paga por este “peaje”.
La energía renovable les beneficia a todos y ahora resulta que los que estamos a favor de ésta somos los malos. Siguiendo esta lógica, quizá al rato Pemex le reclame a los usuarios de vehículos eléctricos diciendo que le están robando por no consumir su gasolina, en lugar de dar las gracias por la reducción de importar o refinar combustible.
La industria eléctrica junto con sus operadores, despacho y consumidores es compleja de entender. Es cierto, la energía renovable es intermitente y afecta a la red, pero no por esto debe ser juzgada como la razón por la cual México debe ir hacia el rumbo opuesto de todo el mundo. Aquí y en China las redes de distribución y transmisión son usadas para transportar energía renovable. ¿Entonces qué han hecho en los otros países? ¡Pues adaptarse!
Al escuchar al jefe de la CFE decir que empresas “elegantes y finas” le robaron 72 mil clientes, me acordé mucho del clásico bestseller “¿Quién se ha llevado mi queso?, de Spencer Johnson. Y es que a estas alturas reclamarle a la IP que robó por medio del esquema de autoabasto, el cual tiene ya casi 30 años operando, es casi como la fábula del queso.
A pesar de haberse escrito hace más de 20 años, este cuento es una obra maestra que sigue siendo aplicada en el trabajo y en la vida. Trata de dos ratoncitos (Fisgón y Escurridizo) y dos liliputienses (Hem y Haw) que vivían en un laberinto y dependían del queso para alimentarse y ser felices. Como habían encontrado un depósito lleno de queso, vivieron mucho tiempo contentos y sin el reto de buscar más alimento. Pero un buen día el queso desapareció... Este “queso” puede representar cualquier cosa a la que estemos acostumbrados o queramos alcanzar y el laberinto es la realidad, con zonas desconocidas y peligrosas, callejones sin salida y también depósitos de más “queso”. Muy simple, pero aunque puede ser comprendido por niños, hay ocasiones en las que adultos o empresas no lo entienden. El aprendizaje es como estos personajes reaccionaron ante el cambio: unos rápidamente se adaptaron encontrando otro queso, otros siguen batallando…
Textualmente del libro:
“A veces, podemos actuar como Fisgón que fisgonea y detecta pronto el cambio, o como Escurridizo que se apresura hacia la acción, o como Hem que se niega y se resiste al cambio, por temor a que conduzca a algo peor, o como Haw que aprende a adaptarse a tiempo, en cuanto comprende que el cambio puede conducir a algo mejor.”
El “queso” en el panorama eléctrico mundial desapareció. Con tantos países y compañías eléctricas adaptándose al nuevo entorno de las energías renovables, todo parece ser que la CFE es el único Hem del cuento. ¿Qué podemos hacer para que caiga en cuenta que ese queso ya no regresará y tendrá que cambiar para sobrevivir?
El autor es Director General de SOLARDEC, empresa regiomontana líder en el desarrollo de sistemas fotovoltaicos.