Monterrey

José de Jesús García: Yo y mis demonios

Hay demonios que vienen y se van, pero hay otros que se quedan a vivir con nosotros y no se quieren mudar.

No soy psicólogo ni me ostento como tal, pero creo que todos tenemos demonios internos que ocupan nuestra mente. Puede ser una deuda que no hemos pagado, una relación que no funciona como queremos, un examen que tenemos que aprobar, etc. Hay demonios que vienen y se van, pero hay otros que se quedan a vivir con nosotros y no se quieren mudar. Con ese tipo de demonios, más vale que aprendamos a convivir.

Uno de los demonios que ha convivido conmigo, y que finalmente acepté como parte de mi cotidianeidad, es la obsesión de entender cómo funciona el mundo. Quién lo creo, cuándo, con qué fin y cuál es papel de nosotros en el mismo son temas que me han inquietado desde que tengo memoria. No es un demonio cualquiera, es complicado, controversial y no hay mucha gente que te pueda ayudar al respecto.

Tratando de lidiar con este demonio, he buscado simplificarlo un poco. Primeramente dejé atrás el entender el Universo o el mundo entero. Busqué entender mejor al ser humano y a la sociedad en la que nos desenvolvemos. No ayudó mucho porque el ser humano es complejo y la sociedad se forma de seres humanos.

Finalmente, reduje el objeto de estudio a un solo ser humano: Yo. He buscado entender mi misión en la vida y tratar de entender quién soy y cómo soy. Mi demonio ahora me persigue en las decisiones del día a día y me cuestiona si lo que hago es coincidente con la misión que tengo en la vida y si esa misión contribuye al bienestar del Mundo. Más aun, de cuando en cuando me cuestiona si debo de preocuparme del Mundo o debo de enfocarme solo en mí.

Tal vez muchos pensarán que este tipo de problemas o demonios no tienen mucho sentido, pero bueno, este tipo de demonios regularmente no tienen sentido. Otros pensarán que hay temas más interesantes en los cuales deberíamos de ocuparnos. Por desgracia, los demonios no los escogemos; ellos nos escogen a nosotros. Tal vez también haya otros que ni siquiera sienten que tienen demonios; felicidades a todos ellos.

¿Por qué creo que el tema es relevante? Primero, porque creo que todos somos parte de una familia, de una sociedad y de un universo, finalmente. Somos seres sociales y así como tenemos un lado individual, tenemos un lado social y un lado espiritual. De una manera u otra vale la pena pensar en el origen y el destino de nuestras vidas, tal vez sin obsesionarse tanto como un servidor.

Afortunadamente, para mí y para quienes padecen este tipo de demonios, la ciencia de la felicidad nos ayuda a esclarecer un poco el panorama. Aristóteles nos dejó un legado con sus tratados acerca de la felicidad, en especial con su máxima acerca del fin último del hombre que para él era la felicidad. Bajo sus razonamientos, después de la felicidad ya no hay otro fin. Pensando de una manera racional, no hay actividad intencional del ser humano que no tenga como objetivo final la felicidad.

Vale la pena pensar en el objetivo de nuestras vidas. El no hacerlo es como tener una empresa y no saber cuál es la misión o el objeto de la misma. Los objetivos son los faros que nos muestran hacia dónde debemos de encaminar nuestros pasos. Con frecuencia, aquellos que no tienen claro el objetivo desperdician sus recursos con acciones que no aportan al éxito. Al final, el éxito consiste en lograr lo que se propone. Es muy difícil tener éxito si no se sabe qué es lo que andamos buscando.

Un ejemplo claro del desperdicio de recursos, y en este caso puede ser el desperdicio de una vida, es aquel en el que las personas buscan las posesiones materiales sin detenerse a pensar que representan solo un medio y no el fin de sus vidas. Tener dinero sin poder disfrutarlo es como tener una empresa muy productiva que se dedica a la fabricación de rollos de fotografía en una era digital.

Y no se nos olvide el proceso. Si bien nuestros objetivos pueden estar definidos y podemos dedicarnos al logro de los mismos con ahínco todos los días, no disfrutar el proceso puede ser muy desgastante. Dentro de la definición de éxito debemos incluir el logro de lo planeado, pero también el disfrute del camino.

En ese sentido, mi pleito con mis demonios ya no es tan disparejo. Ciertamente, las dudas y las inquietudes llegan con frecuencia y son molestas, pero también hay ocasiones en que los enfrento con una convicción: mi papel en el Mundo es ser feliz y hacer felices a los demás. Y en esta convicción he decidido también que voy a disfrutar el camino.

Y es así como he definido mi éxito.


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