Monterrey

Pablo de la Peña: Necesitamos un enfoque regional para enfrentar problemas globales

El virus sigue avanzando y algunos países han hecho verdaderamente grandes esfuerzos por acelerar la vacunación y llegar al punto de inmunidad grupal, otros aún tenemos retos importantes que resolver, tanto técnicos como políticos.

Después de un año de pandemia por Covid-19 tenemos claro que sin importar el nivel de industrialización o modernidad de los países, todos se han visto impactados por la velocidad y gravedad de contagio de esta enfermedad; y de manera importante también nos hemos dado cuenta de la vulnerabilidad de nuestras economías, ya sea porque algunas dependen fuertemente de una cadena internacional de suministro, o porque la economía doméstica depende fuertemente de la cotidianeidad de la población y su movilidad.

El virus sigue avanzando y algunos países han hecho verdaderamente grandes esfuerzos por acelerar la vacunación y llegar al punto de inmunidad grupal, otros aún tenemos retos importantes que resolver, tanto técnicos como políticos.

De igual manera, los países continúan diseñando programas de recuperación económica y de protección sanitaria para regresar lo más pronto posible a lo que será la “nueva normalidad”. Sin embargo, y a pesar del impacto generalizado, no escucho que los líderes mundiales hablen de programas conjuntos y coordinados de protección y recuperación económica.

Los líderes están enfocados, de manera entendible, en primero apuntalar sus economías domésticas; sin embargo, hay regiones en donde existe una clara codependencia tanto económica como de salud. De no diseñar soluciones de manera coordinada ahora, estaremos solamente “pateando el bote” para los años siguientes.

En lugar de visualizar estas regiones de codependencia como un problema potencial de contagio, se pueden ver como una oportunidad para fortalecer la economía de manera regional y mejorar sus condiciones de salud de manera integral y sostenible. México y Estados Unidos comparten 3,145 kilómetros de frontera, pero compartimos mucho más que eso.

La población que habita en los estados fronterizos de México y Estados Unidos suma 101.2 millones de personas, según datos de INEGI y de US Census Bureau. Por sí misma y en términos de población, nuestra frontera podría ser la tercera región más grande de América, después de Estados Unidos y Brasil.

En términos económicos, los 10 estados que incluyen la región fronteriza concentran $5.8 millones de millones de dólares (a dólares corrientes del 2019) esto es el 27 por ciento del Producto Interno Bruto de los Estados Unidos, y es 4.7 veces el PIB de México.

Claro que de estos $5.8 billones de dólares el 94.8 por ciento se concentra en los 4 estados de nuestros vecinos del norte; aún así, los 6 estados mexicanos en la frontera norte concentran el 23 por ciento del PIB nacional y el 18 por ciento de la población.

Mientras que el PIB per cápita en México es de $9.8 mil dólares anuales, el PIB per cápita integrado en estos estados es de $12.6 mil dólares.

Lo mismo es el caso en los estados de la frontera de nuestros vecinos, mientras que el PIB per cápita en los Estados Unidos es de $65.3 mil dólares anuales, en los 4 estados de la frontera con México el PIB per cápita integrado es de $70.2 mil dólares.

Adicionalmente, esta región comparte un comercio dinámico en la frontera, cultura y lazos familiares ancestrales, y sin lugar a duda también comparte retos y problemas de seguridad y salud derivados por la migración.

Ante todo esto, es necesario que actores clave del sector público y privado coordinen una agenda integral para atender de manera conjunta los problemas de nuestra frontera, y aprovechan las oportunidades que la economía global presenta de cara a los retos tanto de seguridad económica como de salud ahora en esta década.

Los desafíos que enfrentan nuestras democracias ante los desplantes de líderes populistas con tendencias autoritarias y nacionalistas, en conjunto con el deterioro que sufrieron nuestras economías como consecuencia de esta pandemia, presenta a esta década de los años 20 la disyuntiva de que los países se encapsulen en una posición egoístamente miope en lugar de construir regiones económicamente fuertes aprovechando la cercanía geográfica y las complementariedades productivas.

Ahora que en México andamos con el tema de las elecciones, creo que será importante cuestionar a los candidatos a puestos públicos, cuál es su visión de futuro para el fortalecimiento de una economía regionalmente fuerte y competitiva.

Sinceramente creo que cualquier acción que hagamos de manera coordinada binacional y regionalmente, tendrá mayores probabilidades de éxito que cualquier alternativa aislada y limitada.

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