Patear el bote es tomar una decisión para no tomar una decisión, pasar la responsabilidad a los de más allá. Robalear es responder sin dar respuesta a una pregunta directa. Son prácticas comunes que a veces funcionan para evitar conflictos innecesarios, aunque la mayoría de las veces terminan por dañar las relaciones y las instituciones. Por ejemplo, las amenazas al consejo general del Instituto Nacional Electoral (INE) son la secuela de patear el bote en el pleno del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).
Sancionar a quienes no presentan sus informes a tiempo en tiempos electorales no es un problema nuevo, desde 2014 se advirtió que el retiro de una candidatura era un castigo muy drástico para fallas posiblemente involuntarias; también se evidenció que el partido político no podía cargar solo con toda la responsabilidad y menos el candidato, debía ser un asunto de responsabilidad compartida.
Por eso, el INE diseñó un procedimiento lo suficiente amplio para que candidatos y/o partidos tuvieran tiempo para subsanar fallas y al mismo tiempo, la Unidad de Fiscalización tuviera tiempo para hacer su trabajo y presentar resultados de manera oportuna. En Nuevo León y en ningún estado se realiza la fiscalización, es una tarea exclusiva de este instituto.
Esos plazos para la fiscalización no son arbitrariedades, los recursos de Amigos de Fox y las tarjetas de despensa de Peña Nieto se “resolvieron” años después de que ejercieran la presidencia. El problema de Raúl Morón y Félix Salgado Macedonio no es nuevo para el INE ni debería ser novedoso para el TEPJF.
Se robalea cuando se argumenta que hay un problema en la redacción de la ley porque sólo establece una sanción. No mienten, ese problema se detectó en la última reforma, lo nocivo es traer a cuenta un problema identificado y resuelto por las autoridades electorales federales y estatales en coordinación con los partidos políticos y candidaturas independientes. Se patea el bote cuando se le pide al INE una “estratificación de sanciones” para justificar una sanción que ya impuso, pero que el TEPJF quiere que reconsidere.
También se patea el bote cuando se quiere resolver algo vía un catálogo de sanciones, cuando la solución ya se había establecido a través de una agenda coordinada entre las personas e instituciones involucradas: plazos suficientes y coordinados para subsanar fallas y obtener resultados oportunamente.
El principio de definitividad enclave del sistema electoral establece que cuando cierra una etapa ya no hay más por hacer, no se puede aplazar el día de la elección ni los tiempos de la fiscalización.
Por esto se espera que el INE tome las decisiones bien y pronto basándose en los principios electorales, así como que el TEPJF resuelva los conflictos de manera definitiva.
Es decir, en estos tiempos robalear y patear el bote lo único que provocan es agravar los conflictos. Ahí están las amenazas a las personas en Consejo General del INE y una afrenta intolerable a la institución.