Monterrey

José de Jesús García: El dinero y la felicidad

Uno de los temas más importantes en el estudio de la felicidad es el análisis de los determinantes de la misma.

Hace veinte años apareció un artículo en el NY Times titulado If Richer Isn’t Happier, What Is? (Si el ser más rico no significa ser más feliz, ¿entonces qué es?). Siendo economista, este artículo me pareció impactante y de cierta manera me dio el banderazo para profundizar en el estudio científico de la felicidad. No fue un camino fácil al principio, pero con el tiempo he comprobado que la felicidad es una aspiración genuina de todos los seres humanos y que el papel del dinero en la felicidad de las personas debe de ser analizado con seriedad y de manera objetiva.

Uno de los temas más importantes en el estudio de la felicidad es el análisis de los determinantes de la misma. Este análisis es relevante ya que si podemos identificar los factores que más inciden en la felicidad podemos trabajar en ellos y así incrementar la felicidad. Como ya se ha dicho anteriormente, entre mayor felicidad exista en una comunidad, mayor será la civilidad, la creatividad, la productividad y la convivencia entre sus miembros; la felicidad es un activo muy valioso en una sociedad.

Dentro de los determinantes clásicos de la felicidad figuran la salud, las relaciones personales, la espiritualidad y las posesiones materiales. Sin embargo, la relación entre la felicidad y el dinero es una de las más discutidas y controversiales, tanto en el ámbito científico como en el ambiente cotidiano.

¿Puede el dinero comprar la felicidad? La respuesta depende de varios elementos. Por ejemplo, si la situación de las personas es precaria, un incremento en los ingresos traerá naturalmente una mejora en su felicidad. Si por otro lado, en una familia los hijos nunca tienen contacto con su o sus padres y ellos procuran sustituir su presencia con dinero, seguramente el dinero no podrá comprar la felicidad.

Muchas personas siguen pensando que el dinero si compra la felicidad y tal vez solo los investigadores que profundizan en el tema o aquellos que han obtenido la felicidad por otros medios, defienden la idea que la felicidad requiere algo más que una cuenta bancaria abultada. De acuerdo a la teoría de la utilidad en economía, un incremento en el ingreso personal nos proporciona una mayor capacidad de consumo y con ello una mayor utilidad. Es por eso que tradicionalmente los gobiernos de los países se han enfocado en mejorar los ingresos per cápita de sus habitantes. Luego entonces, ¿más ingreso es igual a más felicidad?

No necesariamente. Desde hace decenas de años, historiadores y economistas han estudiado la relación entre los ingresos y la felicidad de sus habitantes. Quizá una de las aportaciones más famosas en el tema fue la del Dr. Richard Easterlin, quien a principios de los años setenta publicó un estudio en el que encontró que, a pesar de que el ingreso per cápita en los Estados Unidos se había duplicado en los últimos treinta años, las mediciones de la felicidad indicaban que los norteamericanos no habían mejorado sus índices de felicidad.

Entonces, ¿Por qué más dinero no genera una mayor felicidad? Una primera explicación se refiere a la teoría de la adaptación. Los seres humanos nos adaptamos rápidamente a los cambios que suceden en nuestras vidas y de inmediato buscamos algo más. El incremento en el ingreso nos proporciona una felicidad o un placer momentáneo, pero de inmediato sentimos nuevas necesidades que nos hacen pensar que no somos tan felices como creíamos.

Por otro lado, el dinero tiene rendimientos marginales decrecientes. Bajo este concepto, el incremento en el consumo de un bien nos brindará una satisfacción adicional que se irá reduciendo a medida que el consumo vaya aumentando. Así, el dinero es muy útil cuando los niveles de ingreso son bajos y no se han cubiertas las necesidades básicas. Una vez que se alcanza cierto nivel, el dinero deja de aportar felicidad en forma significativa.

Otro análisis se refiere al ingreso relativo, el cual se considera más relevante que el ingreso absoluto. La gente que piensa que su nivel de ingreso es bueno en comparación con los que le rodean tiende a ser más feliz. Esto explica porque algunas personas que tienen ingresos altos expresen que son infelices y otros, con menores ingresos, puedan experimentar un alto nivel de felicidad.

El consenso en la mayoría de los investigadores es que debemos analizar nuestra relación con el dinero para poder lograr una vida feliz. El dinero no lo es todo, pero tampoco es intrascendente. Es importante para cubrir las necesidades básicas y por ello debemos buscar tener finanzas sanas. Sin embargo, es importante que no caigamos en la trampa de buscar más dinero y más posesiones materiales sacrificando otros elementos muy importantes como la salud física y las relaciones personales.


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