Ante la indignación causada por el trato a los niños inmigrantes “no acompañados”, que están llegando a Estados Unidos –EU-, nos hace reflexionar acerca de aquellos niños que viven en la unión americana con padres inmigrantes no autorizados que también requieren urgentemente apoyo.
Las sensibles fotografías de niños migrantes en una tienda de campaña atestada y controlada por oficiales de EU, en Donna, Texas, durante esta pandemia de COVID-19, ponen de relieve la importancia de garantizar que estas poblaciones vulnerables reciban una atención médica adecuada. Sin embargo, los hijos de inmigrantes no autorizados y que viven en EU, son otro grupo de niños vulnerables, que a menudo se pasa por alto, pero que igualmente requiere que defendamos su salud y bienestar.
Según el Pew Research Center, en 2016 había 4,1 millones de niños -de los cuales 3,5 millones son ciudadanos estadounidenses- viviendo en los EU con al menos un padre inmigrante no autorizado y la proporción de estos niños ha ido en aumento desde 2009.
En 2016, 7,6 % del total de niños -desde jardín de infantes hasta preparatoria-, en este país, vivían con al menos un padre inmigrante no autorizado y los estados con la mayor proporción de este grupo de niños eran Nevada (20,2%), California (13,3%) y Texas (13,3%).
Un estudio publicado en 2017, dirigido por el Dr. Jens Hainmueller -Universidad de Stanford-, explica que “una creciente batería de investigaciones sobre el tema, ha demostrado vínculos entre el estado migratorio de los padres y el desarrollo infantil.” Para mejor entender el impacto del estatus migratorio de una madre sobre su hijo, el estudio cuasi-experimental selecciono madres que tenían fechas de nacimiento justo antes o justo después de la fecha límite para el programa de DACA y encontró que “los niños cuyas madres son susceptibles de protección de una deportación por DACA presentaban un 50% menos de diagnósticos de trastorno de adaptación y ansiedad que los niños cuyas madres no eran elegibles para DACA y, por lo tanto, no estaban protegidas.”
En base a lo explicado, los investigadores concluyeron que “El estatus -migratorio- no autorizado de los padres, por lo tanto, es una barrera sustancial para el ajuste del desarrollo infantil normal y perpetúa desigualdades en salud a través de la transmisión intergeneracional de –las mencionadas- desventajas.”
Dados estos hallazgos, está claro que el acceso a los servicios de salud mental es de particular valor para este grupo de niños vulnerables.
Pero desafortunadamente, la Kaiser Family Foundation ha informado que los inmigrantes indocumentados corren un alto riesgo de no contar con seguro de salud y, por lo tanto, a menudo no pueden acceder a los servicios de atención médica.
Por otro lado, las políticas de inmigración durante la administración Trump acrecentaron fundados temores entre las familias de inmigrantes y las llevaron a dejar de usar los programas y servicios de salud para ellos y para sus hijos, que son mayormente ciudadanos estadounidenses y califican para Medicaid o para el Programa de Seguro Médico para Niños (CHIP).
Dadas estas barreras para utilizar los servicios de atención médica, es muy poco probable que los niños con padres inmigrantes no autorizados tengan acceso a los servicios de salud mental que necesitan para crecer y ser miembros resilientes y productivos de nuestra sociedad.
La pandemia de COVID-19 ha hecho más crítico el hecho de que estos hijos de inmigrantes no autorizados puedan acceder a los servicios de atención médica, incluida la atención de salud mental. La Kaiser Family Foundation explica que “la enfermedad mental existente entre los adolescentes puede verse agravada por la pandemia y, con los muchos cierres de escuelas, no tienen por tanto el mismo acceso a servicios clave de salud mental ... Los niños pueden experimentar angustia mental durante la pandemia debido a interrupciones en rutinas, pérdida de contacto social o estrés en el hogar.”
Por lo expuesto, si bien es importante que continuemos abogando por un trato humano y el bienestar de los niños en los centros de detención del gobierno de los EU, al mismo tiempo es crucial que abordemos las necesidades de los niños que ya viven en nuestras comunidades y que están mentalmente agobiados por el estado migratorio no autorizado de sus padres.