Monterrey

Pablo de la Peña: A un año de la pandemia y sin un plan de recuperación integral

El presidente de los Estados Unidos Joe Biden, dio a conocer hace algunos días su propuesta de $2 millones de millones de dólares (billones) para la modernización de infraestructura y la creación de empleos, que se sumaría a los $1.9 billones de dólares del paquete de estímulos que ya fue aprobado por el Congreso y firmado por el presidente hace una semana.

Lo destacable de este nuevo plan de $2 billones de dólares es que es un plan agresivo de inversión pública como no se había visto desde los años sesenta, y da prioridad al mejoramiento de la infraestructura de comunicaciones (carreteras y puentes), apoyo para la construcción de hogares y el fortalecimiento comunitario para personas de la tercera edad, entre otros.

Este paquete también incluye cerca de $174 mil millones de dólares para inversión en la manufactura y compra de automóviles eléctricos y para la creación de una red de 500,000 puntos de carga a nivel nacional para este tipo de autos para reducir la dependencia de China.

Adicionalmente, se propone invertir $180 mil millones de dólares para investigación y desarrollo, y una buena cantidad de éstos sería para estimular proyectos de investigación que ayuden a mitigar el cambio climático y apoyos para la Fundación Nacional de Ciencias.

También se propone invertir $100 mil millones de dólares para el desarrollo de la fuerza laboral, con el objetivo de mejorar la competitividad en alta tecnología y manufactura inteligente en su industria productiva del país.

Este plan se ejecutaría a lo largo de 8 años y se espera pagar aproximadamente en 15 años en buena medida con un incremento a los impuestos corporativos para empresas multinacionales del 21 al 28 por ciento. Si bien este nivel de gasto público podría incrementar tanto el déficit como la deuda pública, la apuesta de este plan está en dos factores, principalmente, creo yo.

Un primer factor es el esperado efecto multiplicador de esta inversión; en economía se conoce como el efecto multiplicador del gasto del gobierno, que implica que por cada peso (o dólar) que el sector público invierta, éste se multiplicará varias veces como efecto de la dinámica de la economía al movilizar diferentes sectores de la cadena productiva.

Digamos que si el gobierno invierte en la remodelación de carreteras, la dinámica productiva para que esto suceda hace que se movilice la compra de materiales, la producción de materias primas, la distribución de materiales y la creación de empleos, entre otras cosas; y estos empleos nuevos con mayores ingresos también continuarán con el efecto multiplicador, pues con este ingreso las familias seguirán adquiriendo bienes y servicios que tendrá un efecto positivo en la demanda de productos y así consecutivamente hasta llegar a la producción de los mismos.

Sin embargo, no toda la riqueza que se genera por este efecto multiplicador puede ser usado para pagar tal incremento en la inversión pública, por ello, se tienen que buscar fuentes de ingreso adicionales para financiar dicho incremento en el gasto público.

Precisamente el segundo factor es el incremento en los impuestos corporativos del 21 al 28 por ciento, que representarían un incremento en el ingreso federal y ayudaría a financiar esta inversión pública; sin embargo, no se incrementarían los impuestos para aquellas familias con ingresos anuales de hasta $400 mil dólares.

En concreto, una buena estrategia de política pública productiva puede ser aquella que favorezca la inversión pública productiva y que vaya de la mano de dos cosas; una, que incremente las fuentes de ingresos sin perjudicar a la base actual de contribuyentes – particularmente sin perjudicar a los asalariados y a los pequeños contribuyentes – y dos, que vaya también acompañada de incentivos para que el sector privado contribuya con mayores montos de inversión y aceleren el dinamismo de la economía doméstica, esto tendría un efecto multiplicador del gasto del gobierno más efectivo.

La crisis de salud y económica que vivimos en México necesita urgentemente de una política fiscal agresiva, efectiva y que estimule la creación de riqueza; sin embargo, lo único que hemos visto hasta ahora son medidas clientelares que, si bien pueden contribuir a mejorar el ingreso familiar solo será de manera temporal.

Adicionalmente, las elecciones en este mes de junio tienen ya totalmente distraído al país, lo que me hace pensar que la recuperación económica y el apuntalamiento del sector salud han pasado a segundo término.


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