
Ahora es en el municipio de Santa Catarina donde se repite la buena experiencia de vacunación, sobre todo la gente agradece el trato amable y humanizado que se da a los adultos mayores. Esto implica mucho trabajo previo, incluye una logística estudiada, la selección de espacios adecuados para las necesidades del funcionariado público sin dejar de lado las facilidades para la ciudadanía, capacitación al personal y al voluntariado para que puedan hacer su trabajo y una de sus responsabilidades es la buena atención a la ciudadanía. Sorprende y más, porque no es el primer municipio en donde esto sucede.
Muchas políticas públicas fallan porque se centran en el problema a resolver, el servicio a prestar, la obligación a cumplir como institución pública. Y ya, como si la atención al diagnóstico fuera el reto de un plan de acción. Si se trata de entregar carteles o subir infografías para invitar a la observación electoral, se hacen respetando la identidad institucional y se distribuyen; si se trata de prevenir la obesidad se prohíben las tortillas de harina en los recreos y se entregan folletos. Y ya. Entrelíneas se lee ‘No quiero hacer más, es tu problema informarte, educarte y modificar tus hábitos, aunque esto te cueste dinero, tiempo o espacio’.
Pocas estrategias de gobierno están funcionando tan integralmente como las de vacunación porque se piensa en la gente, además de la talacha para llevar, traer, conservar la vacunas; se atiende más allá del diagnóstico y solución a través del árbol de decisiones (¡cómo extasía este término a algunos!). La observación electoral requiere mucho más que un poster, la distancia entre la función pública y la sociedad es amplía y la tarea no termina con publicaciones periódicas. Revise usted todo lo que tiene que hacer una persona que quiere hacer observación electoral, parece que está solicitando trabajo. Y sí, la autoridad electoral necesita identificar plenamente a la persona interesada porque trampas se han hecho, muchas; pero entonces el sistema responde a la prevención de las malas práctica y no al fomento de la participación ciudadana.
Igualmente, en el sistema de salud, prohibir las tortillas en los recreos o pegar etiquetas “alto en sodio” no resolverá el problema de obesidad en el país. Más efectivo sería promover la industria de alimentación saludable, encarecer la fructuosa, ampliar y mejorar espacios para ejercitarse, canchas en los espacios públicos, banquetas y corredores amplios. Subsidiar lo sano para que sea competitivo en el mercado, financiar la investigación, el desarrollo de tecnologías. Sólo entonces, los carteles y las infografías tendrá un efecto positivo en la política pública.
Los procesos de vacunación demuestran que el todo es más que la suma de sus partes, el trabajo coordinado de los tres niveles de gobierno en una estrategia que permite cumplir con las obligaciones y, principalmente, con la ciudadanía. Muchos estamos sorprendidos con este buen desempeño y es que el énfasis está en las personas mayores, que se sientan seguras, atendidas y reconocidas después de más de un año de encierro. Sorprende también que nadie se quiera llevar todos los créditos.
Mejor que la vacuna, son las buenas prácticas que el sistema público está adquiriendo.
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