Opinión

Voto hispano, el gigante que despertó

 
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voto latino. (AP)

“Detrás de cada voto hispano hay un inmigrante. Mientras el número de posibles votantes blancos no hispanos subió 1.0%, el de los hispanos creció en un 10%”.

Escribo este artículo sin conocer aún el resultado del proceso electoral en Estados Unidos, y lo escribo queriendo como muchos otros, que no triunfe el discurso del odio y del racismo. Lo cierto es que más allá de dicho resultado, ya hay lecciones y tareas urgentes para México.

Quizá como ningún otro, este proceso electoral fue seguido desde México. En mi opinión esa es una de las principales limitaciones de múltiples análisis, que fueron hechos desde México y no para México.
Me explico. Se analizaron con detalle las implicaciones que el resultado del proceso tendría en nuestra economía y en nuestros tratados comerciales con el país vecino, las características que tendría la nueva relación, el valor del peso frente al dólar y hasta las consecuencias de un eventual muro en la frontera que propuso reiteradamente el candidato republicano.

La cantidad, calidad y profundidad de estos análisis contrastan sorprendentemente con la ausencia casi absoluta de reflexiones sobre la participación de la comunidad mexicana en Estados Unidos y del llamado voto hispano. Esta perspectiva ni siquiera entró 'de rebote' como consecuencia de cómo el tema es abordado en medios estadounidenses. Los mexicanos no nos hemos dado cuenta, o no lo suficiente, de que el mejor instrumento del que disponemos en la relación con nuestro poderoso socio es justamente nuestra comunidad.

Que quienes más y mejor pueden trabajar para México son precisamente los mexicanos que ya viven en Estados Unidos.

La llamada comunidad hispana se conforma de 55 millones de personas, de los cuales 35 millones son de origen mexicano (22 millones nacidos en Estados Unidos). Se estima que en el proceso electoral que nos ocupa se registraron para votar algo así como 200 millones de personas, de los cuales se calcula que 22 millones serán votos hispanos. De confirmarse estas cifras, el gigante al que analistas estadounidenses se refieren desde hace décadas cuando hablan del voto hispano, despertó.

Mientras en 2012 sólo seis de cada 10 hispanos que podían votar se registraron para hacerlo, en 2016 lo hicieron nueve de cada 10.

Por supuesto no sólo la demografía explica este fenómeno. Habría que señalar por lo menos dos factores adicionales: el trabajo de varias organizaciones de la sociedad civil que se focalizaron en la promoción del registro y participación de los hispanos, sobre todo en estados donde dicho voto podría ser decisivo; y el discurso antiinmigrante y antimexicano de Trump. Así las cosas, el voto hispano será decisivo en el resultado electoral y debemos recordar que casi 70 por ciento de ese voto es de la comunidad mexicana.

Pasadas las elecciones, en una lógica estrictamente política, lo que deberíamos esperar es que haya varios hispanos en posiciones clave tanto en el Congreso como en el nuevo gobierno. Para México será mucho más conveniente establecer relaciones con un gobierno con esas características. Desafortunadamente eso no ocurrirá sólo por la demografía. A pesar del amor que los mexicanos en Estados Unidos tienen por México y de las cuantiosas remesas que envían, no se sienten aún ni suficientemente atendidos ni con los suficientes puentes para ellos.

Sea cual fuere el resultado de estas elecciones, la comunidad mexicana en Estados Unidos tendrá una mayor influencia en ese país. Nos toca a nosotros decidir si construimos puentes con ellos, o seguimos pensando que la relación con Estados Unidos se administrará mejor desde México.

Uno de los resultados de este proceso electoral, gane quien gane, es que temas centrales para nosotros como migración, seguridad, administración de las fronteras o tratados comerciales serán revisados desde una perspectiva más nacionalista. Hoy tenemos 35 millones más de jugadores que se reconocen de origen mexicano en la economía estadounidense y la pregunta es si vamos a generar condiciones para que jueguen para México.

La cita de nuestra comunidad en las urnas no es el fin de un proceso electoral sino será apenas el principio de una nueva era, de un gigante que una vez despierto sólo está dispuesto a seguir avanzando. Lo harán con nosotros, sin nosotros o a pesar de nosotros.

Twitter: @JosefinaVM

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