Opinión

Voluntad y sensibilidad para la transparencia

 
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Sesión de la Cámara de Diputados. (Cuartoscuro)


El círculo que completa todo el régimen de la transparencia se va cerrando cada vez más. Ya contamos con la reforma constitucional de febrero de 2014 y con una Ley General en mayo de 2015 que cumplen con dos funciones esenciales: define en términos constitucionales el diseño institucional de la transparencia en México y fija el cauce único y homologado que inhibe interpretaciones y aplicaciones diversas para el ejercicio de un mismo derecho fundamental.

Ahora, en días recientes, se ha emitido la nueva Ley Federal de Transparencia que actualiza y armoniza el marco jurídico federal con el mandato constitucional y con las líneas generales e ineludibles que se debe observar en el ámbito de la Federación. Asimismo, alcanzamos en el proceso de armonización un número bastante positivo respecto de leyes estatales de transparencia equivalente a 29 entidades federativas, sin dejar de lado por supuesto que lo ideal y lo exigido era un número de 32.

El círculo casi se completa, pero que de acuerdo con la reforma a la Constitución General de la República aún quedan pendientes, entre los cuales sólo con el afán de citar se encuentran la expedición de la Ley General de Datos Personales en Posesión de Sujetos Obligados y de la Ley General de Archivos. Al día de hoy el tema que regula la primera de estas expectativas queda regulado escuetamente en unos cuantos preceptos de la aún sobreviviente Ley Federal de Transparencia de 2002 y por lo que hace a la segunda de esas leyes generales contamos con una Ley Federal de Archivos de cuño reciente (2012) pero que no se armoniza con la nueva realidad de un Sistema Nacional de Transparencia.

Pero no sólo en el ámbito de lo legislativo hay tareas pendientes.

Implementar todo el esquema institucional previsto desde febrero de 2014 ha sido una tarea ardua: transformar a los organismos garantes como instancias de autonomía constitucional (entre ellos, el actual INAI), reestructurar internamente en lo funcional y en lo orgánico al INAI con base en las nuevas atribuciones conferidas, poner en marcha al Sistema Nacional de Transparencia y la normatividad uniforme que el mismo emite, digitalizar los procesos de acceso a la información mediante la Plataforma Nacional de Transparencia, sumar a la agenda pública las políticas de acceso y el gobierno abierto, en fin un conjunto de acciones de las cuales muchas ya se han llevado a cabo pero que apenas son el inicio del resto de una labor ardua que debe cumplirse.

Pero para que toda esta gran receta de la transparencia funcione y funcione bien se necesita voluntad y sensibilidad. A lo largo de este proceso que se gestó un par de años previo al cambio de administración pública federal y que logró un primer nivel de consolidación en febrero de 2014, he observado que estas dos cualidades han sido manifestadas por las instancias y por los actores que han jugado un papel preponderante en este recorrido.

Pero es en los detalles, en la ejecución y en la aplicación los espacios en los que más se va a necesitar de esa voluntad y de esa sensibilidad para hacer que el régimen de transparencia se vuelva una realidad.

Y ese compromiso involucra a todos:

A los poderes legislativos y ejecutivos, tanto federales como estatales, para cerrar el proceso de armonización de las leyes de transparencia y para la expedición de las leyes que faltan en materia de datos personales y archivos.

A los organismos garantes para que decidan bajo la fórmula de la máxima publicidad y resuelvan con congruencia y objetividad.

A la sociedad civil organizada para que continúe decididamente en la labor de seguimiento, escrutinio y contestación social frente a los opacos y regresionistas.

A los particulares para que hagan uso de un derecho que bien miradas las cosas en retrospectiva ha reconfigurado la relación entre el poder público y la sociedad.

A los sujetos obligados para que fortalezcamos el cambio de paradigma que aconteció con la aparición de las leyes de transparencia y para que tengamos la conciencia de que el servicio público que prestamos desde la trinchera de la transparencia nos exige y exige mucho.

Por eso se necesita sensibilidad para comprender y voluntad para hacer.

El autor es comisionado del INAI.

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