Opinión

¿Un TPP 11? Hay que evaluarlo y garantizar fomento productivo y tecnológico nacional

 
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TPP

Desde el anuncio de la salida de los EU del TPP surgieron dos posiciones en México al respecto: una la de los que celebraron el fin de una iniciativa de los EU, potencia en declive en la producción y el comercio e innovación mundial a la que habían arrastrado a México para promover su interés geoestratégico frente a la China y el Asia emergente. La otra, la del gobierno mexicano y grupos empresariales grandes, fundamentalmente de capital extranjero, que lamentaron que años de negociaciones y concesiones de gran impacto a futuro se vieran frustrados por el anti multilateralismo de Trump.
 
La situación ha evolucionado de manera contradictoria e incierta desde entonces. El gobierno de Trump, próximo a cumplir un año de vida, ha continuado insistiendo hasta la reunión de APEC concluida la semana pasada en Danang que no le interesan las negociaciones económicas multilaterales, y que pretende resolver sus déficits comerciales y otros desbalances económicos con China (el más elevado por mucho), México, Corea del Sur, Alemania y Vietnam por la vía bilateral.

En el ámbito de América del Norte, su política ha sido consistentemente hostil frente a Canadá y México, aunque aquí no parecemos acusar recibo de su rechazo amoroso. Frente al agresivo discurso tuitero de Trump, las negociaciones han procedido por parte de Lighthizer y su equipo para “modernizar” el TLCAN, lo que significa revertir concesiones anteriores y mantener o reforzar su ventaja agropecuaria (con altos subsidios a sus granos- a los que nos hemos vuelto adictos para desgracia del campesinado mexicano) pero también industrial, tecnológica y de servicios de baja y alta tecnología.

El colmo ha sido la pretensión de reforzar las reglas de origen, de manera que los automóviles exportados desde México tengan un 50% de contenido estadounidense. El gobierno de nuestro país lo exigía a la industria naciente hace 40 años; hoy lo quiere aplicar Trump en beneficio de su industria declinante.

En todo este proceso ha ocurrido un cabildeo permanente de empresas de los EUA para preservar en unos sectores -automotriz- y elevar en otros- farmacéuticas y de alta tecnología, comercio digital, etc. - sus ventajas con resultados ambivalentes. Han buscado introducir por la puerta trasera del TLCAN sus avances alcanzados y pendientes desde la conclusión del TPP.

Las negociaciones de servicios (TISA) a realizarse en diciembre en la reunión ministerial de la Organización Mundial de Comercio en Buenos Aires, confirmarán esta tendencia mundial. Amazon, Google, Facebook, Uber harán su mejor esfuerzo, por fortalecer sus ventajas tecnológicas frente a los sectores tradicionales y los gobiernos, rivalizando ahora con Ali-Baba, el equivalente chino a Amazon en el comercio digital.

En ese contexto se realizarían las dos últimas rondas del año de negociaciones del TLCAN, en las que México y Canadá habrán de dar respuesta a las pretensiones inaceptables y buscapiés estadounidenses (reglas de origen, régimen de solución de controversias, cláusula de revisión cada 5 años).

Llega la Cumbre de APEC en Vietnam y saltan a la luz pública las negociaciones y la declaración ministerial de los 11 países restantes del TPP, afirmando su decisión de poner en marcha a la brevedad posible un acuerdo revisado sin los EUA, que mantenga los principios y términos básicos. La declaración del 11 de noviembre reconoce dudas de ciertos países y anuncia que algunos acuerdos previos serán suspendidos, otros modificados y 4 temas en particular deberán ser examinados con mayor profundidad: 1) el papel de las empresas estatales (Malasia), 2) Servicios e Inversiones (Brunei), 3) Solución de controversias sobre sanciones comerciales (Vietnam) y 4) la excepción cultural (Canadá muy enfático). Al parecer México no presentó objeciones.

Ojalá y la Secretaría de Economía informe al Senado, a las empresas y al público en general que pretende en esta renegociación y que cambios de avizoran, con qué implicaciones, en algunas de las cláusulas “suspendidas”, que parecen ser “zanahorias” para que los EUA reviertan su decisión. Lo importante será hacer una revaluación al momento actual y comprobar si resultará conveniente para el país firmarlo en los nuevos términos. Pero lo más importante sería asegurar que ahora sí se adopten en paralelo las políticas y medidas de fomento productivo y tecnológico nacional que hicieran posible aprovechar las supuestas oportunidades que se abrirían por esta vías; y en paralelo se negocien acuerdos pertinentes con China, la India, y otros países asiáticos para incorporarse a la nueva dinámica comercial y tecnológica mundial, la Ruta de la Seda.

Cuando se firmó el TPP se destacó que los 12 países representaban el 24.14% –casi una cuarta parte del PIB mundial. Pero EUA y Japón juntos representaban en 2015 tres cuartas partes del PIB de esos 12 países (EUA el 59% y Japón el 16%). México representaba el 7.3% y Canadá el 5.4%. Los 8 países restantes sólo participaban en conjunto con el 15% del mercado (Nueva Zelanda apenas el 0.55%; Perú el 1.35%, Chile el 1.39%, Singapur el 1.53%, Vietnam el 1.74% y Australia el 3.71%). Por ello, insistíamos, la importancia y el poder de los EUA y Japón seguían siendo avasalladores. La gran mayoría no constituían mercados significativos para México o estaban cubiertos ya por acuerdos separados.

La relación estrictamente comercial de México con los EUA, Japón y Canadá no iba a cambiar mucho en principio con el TPP, dado que ya existen acuerdos de libre comercio de México con los tres países. Tampoco con Chile y Perú con quien tenemos acuerdos bilaterales y El Tratado del Pacífico a consolidar. Sin embargo, Vietnam y Malasia- juegan un papel creciente como productores y exportadores de manufacturas y productos agropecuarios con excelentes niveles de productividad y salarios competitivos. Al firmarse un acuerdo ahora de los 11 es de esperarse que aumenten sus exportaciones a México-por ejemplo de alimentos, calzado, prendas de vestir y otras manufacturas -, pero también a Canadá en detrimento de las exportaciones desde México.

En relación a Vietnam y sus perspectivas, de desarrollo el reciente informe del Banco Mundial y el Ministerio de Planeación y Desarrollo de ese país : Vietnam 2035 Towards Prosperity, Creativity, Equity and Democracy (2016) debería darnos una nota de alarma y al mismo tiempo una lección a México de lo que sí se puede lograr en un par de décadas si se adoptan políticas pragmáticas de largo plazo –similares a las de Corea del Sur o China, vía el fomento sectorial, regional y del desarrollo tecnológico y la innovación.

Su récord comparativo de crecimiento reciente es contundente: mientras que México disminuyó su participación en el PIB mundial de 2.44% en 1980 a 1.75% en 2015, Vietnam triplicó su participación de 0.15 % a 0.43% y Malasia pasó del 0.28% al 0.62 % del PIB mundial en esos mismos años.

De acuerdo con el Petersen Institute de los EU, como consecuencia del TPP- con EUA incluido- el ingreso real de Vietnam podría crecer en 8.1% y el de Malasia 7.8%. Mientras tanto el de México se esperaba creciera solamente en cerca del 1%. ¿Hay nuevas estimaciones, sin los EU?

Pero en realidad el significado del viejo TPP no radicaban tanto en el potencial dinamizador de comercio e inversiones, sino por sus implicaciones en propiedad industrial, comercio digital, telecomunicaciones y algunas áreas de servicios, donde los grandes ganadores iban a ser los EUA y Japón, dado el gran tamaño, capacidad financiera y nivel de desarrollo tecnológico y patentamiento de sus empresas. ¿Cómo quedarán estos sectores ahora en el TPP 11 - Japón liderando?

Hoy la SE dice buscará la conclusión y aprobación del TPP 11 por el Senado de la República.

Las autoridades mexicanas argumentan que obtendremos beneficios del acuerdo. Costos se temen todavía; ventajas, muy escasas y relativas - todas dependientes de que México pueda construir con políticas adecuadas, capacidades competitivas de empresas mexicanas -o en coinversión 50-50, como las chinas- para aprender, innovar, producir competitivamente y defender sus mercados internos y externos, lo que no hemos sabido hacer en los últimos 30 años con nuestros múltiples TLCs.

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