Opinión

Un deshonroso
primer lugar

 
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Corrupción. (Taringa!)

México tiene algunos récords extraños, uno más absurdo que el otro: la mayor cantidad de gente bailando Thriller al mismo tiempo, la enchilada más grande del mundo y la mentada de madre más grande del planeta, entre otros. Esta semana se publicó otro de nuestros récords, un deshonroso primer lugar.

De acuerdo al reporte 'Las personas y la corrupción: América Latina y el Caribe' de Transparencia Internacional (TI), México ocupa el primer lugar en cuanto al porcentaje de personas que han aceptado haber sobornado para obtener algún bien o servicio. Más de la mitad de la población en México, 51 por ciento, acepta haber dado un soborno.

Es interesante ver para qué soborna la gente en los diferentes países de América Latina y el Caribe. En Venezuela, por ejemplo, el mayor soborno se da a la policía para evitar ser multado o arrestado, seguido muy de cerca con los sobornos para obtener servicios públicos. En México la información es reveladora. Entre 31 y 40 por ciento de los usuarios ha sobornado en el sector educación, en el sector salud, para obtener documentos de identidad y para conseguir servicios públicos.

La pregunta específica que se hizo a los encuestados fue esta: ¿Cuán a menudo ha tenido que pagar un soborno, dar un regalo o hacer un favor a: un docente o funcionario escolar; un trabajador de la salud o un miembro del personal de una clínica u hospital; un funcionario gubernamental para obtener un documento; un funcionario gubernamental para recibir servicios públicos, o no lo ha hecho nunca? Se soborna desde las escuelas y los hospitales, hasta para obtener un pasaporte o influenciar a un juez.

El estudio muestra que ricos y pobres sobornan en proporciones similares. Una cuarta parte de la población con mejor situación económica ha pagado sobornos para acceder a servicios básicos, mientras que 30 por ciento de las personas más pobres lo ha hecho.

Pero no se trata de la proporción de gente que soborna en cada estrato. Por un lado, se trata de un mal diseño institucional y regulatorio acompañado de impunidad y, por otro, de la carga desproporcional que significa la corrupción para los diferentes deciles. La corrupción afecta a todos, pero no a todos por igual.

Transparencia Internacional da una serie de recomendaciones para combatir el fenómeno. Algunas son de fácil implementación y sorprende que no se hayan puesto en operación. Sugiere que los gobiernos optimicen los procesos burocráticos para evitar que la toma de decisiones sea arbitraria o prolongada. Los sismos recientes nos dan un ejemplo de lo mal que hemos armado nuestra tramitología.

Tres semanas después del temblor del 19 de septiembre, las instancias involucradas en la construcción se siguen culpando unas a otras porque nadie sabe a quién le correspondía tal o cual trámite. La delegación dice que al Invea, éste dice que a la delegación, Protección Civil dice que al director de obra y así una cadena de deslindes. No podremos saber qué pasó porque al parecer todos —y al mismo tiempo nadie— son responsables de diferentes partes de un proceso que debería de ser integral. Entre más complejos y largos sean los trámites se abre la puerta a la ineficiencia y a la corrupción que buscará resolver esas fallas de un sistema burocrático que diseñamos de forma defectuosa.

El informe de TI también recomienda a los gobiernos que involucren a la sociedad civil como parte de los esfuerzos para combatir la corrupción.

Parece ser que, en el caso de México, esta recomendación ha sido tomada literalmente en el sentido contrario. Las organizaciones y medios encargados de investigar, denunciar y publicar las prácticas corruptas han sido atacadas por el mismo gobierno en diferentes arenas, desde sugerencias y llamadas de atención hasta amenazas fiscales.

No podremos avanzar si pensamos que la corrupción está sólo en el gobierno. ¿A quién queremos engañar si aceptamos que 51 por ciento de los mexicanos ha dado un soborno? El soborno puede ser a funcionarios públicos, pero también puede ser entre privados, como lo revela la información sobre las escuelas.

Los candidatos para todos los puestos de elección popular que tendremos en 2018, desde presidente hasta alcaldes, deberían de leer este informe, o por lo menos las recomendaciones. Los demás deberíamos de hacer un ejercicio de conciencia y reconocer que si no empezamos cambiando esas prácticas frecuentes de corrupción, será mucho más difícil avanzar.

Twitter: @ValeriaMoy

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