Opinión

Tres años

 
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Enrique Peña Nieto

No hay gobierno perfecto. No hay administración en el mundo que satisfaga a todos y tenga elevados índices de aceptación en todos los sectores. Se dan casos especiales en la historia, que combinan con fortuna una serie de condiciones locales y externas para un gobierno sensato, atinado, impulsor del crecimiento. Pienso en el Brasil de Lula, que en ocho años arrancó a 20 millones de personas de la pobreza y lanzó a su país a tasas de crecimiento insospechado. Años después, estallan en Brasil casos de corrupción y de excesos que no sólo dañan al extremo al actual gobierno de Dilma Rousseff, sino que alcanzan hasta el anterior de Lula.

Pienso en los ocho años de Clinton en Estados Unidos (1992-2000) el momento de mayor crecimiento económico, abundancia, inversión e índices financieros espectaculares en Wall Street, que sin embargo se vieron manchados por el inolvidable caso Lewinski y las “debilidades” de un presidente querido y aceptado.

Enrique Peña Nieto llegó al gobierno con una propuesta ambiciosa, transformadora, que construyó enormes expectativas. Crecimiento superior a 5.0 por ciento, fin de la inseguridad y la violencia, proyección de la industria, apertura de la energía y una serie de medidas
–construidas en conjunto con el PAN y el PRD en el Pacto– que en 2013 hacían creer que a México le había llegado la hora de la justicia, del crecimiento, del bienestar, de la disminución sensible de una pobreza insultante para un país con nuestro potencial.

Como el país conoce a la perfección, esa no fue lamentablemente nuestra realidad. Sin duda, debido en parte a un entorno adverso de finanzas, paridad cambiaría, derrumbe petrolero –los precios en el mundo y la producción en México– y la debacle china con su desaceleración estrepitosa.

Pero también hay innegables factores internos: muchos economistas cuestionan si el uso del gasto público como principal instrumento generador de crecimiento y riqueza, funciona a estas alturas de la historia, de la competitividad de mercados y de la pobre promoción de proyectos productivos. Invertir en programas sociales, en programas de capacitación y también en infraestructura no son necesariamente la estrategia adecuada.

Ayer en el mensaje con motivo de su Tercer Informe de Gobierno, vimos a un presidente que envía dos mensajes clave: hacemos ajustes en lo necesario, en lo imprescindible, pero reafirmamos el curso, seguimos adelante en la dirección indicada. Si bien existe un tenue ejercicio de autocrítica cuando hace mención de la inconformidad social, la fuga del penal y el caso Iguala, lo hace de manera tangencial, en la aceptación y el reconocimiento, pero de manera superficial. Tal vez la ciudadanía hubiera preferido que profundizara con mayor intensidad en la lucha contra la corrupción, reclamo central desde hace un año.

Si uno revisa en detalle las cifras de crecimiento global de la economía, de inversión, de derrama turística, de crecimiento de la industria
–automotriz, aeroespacial, manufacturera– el panorama no es desalentador. Sin embargo, las expectativas fueron altas, hay graves carencias en materia de transparencia, fortalecimiento del Estado de derecho y combate a la corrupción, por no regresar al irrenunciable tema de la inseguridad pública y la violencia.

Deseo firmemente que alcance el tiempo, que los siguientes dos años
–el último sabemos bien será electoral y sucesorio– este gobierno demuestre su auténtica vocación transformadora al impulsar con firmeza y decisión el Sistema Nacional Anticorrupción y las reformas necesarias en materia de justicia. De otra forma, no veo posibilidades de que este gobierno concluya con una página reconocible en la historia.

Felicito la mayor recaudación, falta, es insuficiente. Cuestiono la política de gasto público y de ejercicio de esos recursos récord en la hacienda pública.

Me parece que no queda mucho margen de maniobra. Será necesario rediseñar la estrategia porque el énfasis en la energía como fuente y motor de crecimiento no aparece en estos momentos de derrumbe petrolero como viable para los siguientes años.

Twitter: @LKourchenko

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