Opinión

Todos nos sentimos espiados

 
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ME Teléfono espía

¿Quiere usted saber algo verdaderamente interesante sobre México? Consulte el New York Times.

Efectivamente, noticias que no son publicadas oportunamente en
México o que no se les dio la debida importancia, aparecen en ese
prestigiado diario con pelos y señales y ese es el momento en el
que los medios de comunicación mexicanos las hacen suyas y las
transforman en la noticia del día.

El control de los medios de comunicación por parte del gobierno 
mexicano, encabezado por el PRI, ha pasado por muy diversas etapas,
algunas de ellas verdaderamente vergonzosas. Recordemos el gravísimo caso del 2 de octubre de 1968, en donde perdieron la vida un número aún incierto de estudiantes, asesinados por el ejército mexicano en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco .

Los principales responsables de este lamentabilísimo episodio fueron, 
Gustavo Díaz Ordaz, presidente de la República en ese momento y su
secretario de gobernación y sucesor, Luis Echeverría.

Los medios mexicanos, sujetos a un férreo control de prensa, le dieron
relativa poca importancia a este brutal incidente, mientras que en
gran parte del mundo este episodio ocupaba las primeras planas,
afectando, de por vida, el prestigio de los dos presidentes arriba
señalados.

Los tiempos cambian y de una “dictadura perfecta”, como bautizó el
prestigiado Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa a 
nuestro régimen político, hemos transitado a una incipiente democracia encabezada por un PRI altamente cuestionado pero sobreviviente de todas las tormentas políticas por las que ha cruzado. Este viejo partido arrastra su cobija pero soporta sus múltiples derrotas y encabeza aún la Presidencia de la República ¿Veremos su derrumbe en las elecciones del 2018? Démosle tiempo al tiempo y continuemos por lo pronto como profetas del pasado.

Hemos avanzado, sin duda, en lo que toca a la libertad de expresión. Lo
que ahora leemos en la prensa escrita y vemos por televisión, era
un escenario imposible en el México de la denominada decena trágica.

Toda proporción guardada, y teniendo en el narcotráfico un nuevo
(relativamente) y poderoso jugador capaz de corromper y asesinar a
quien se le oponga, hemos padecido en este año el asesinato de siete
periodistas y las amenazas a destacados miembros de la “comentocracia” como son Carmen Aristegui y Carlos Loret de Mola.

Amenazas a sus personas y a familiares cercanos (el hijo adolescente de Carmen Aristegui). Estamos viviendo, Sin duda, una amenaza seria, muy seria, inaceptable, a la libertad de expresión, libertad que hemos
conquistado los mexicanos a través de un enorme esfuerzo y que no
podemos aceptar su limitación en forma alguna. Estamos, como
sociedad, con Aristegui, con Loret de Mola y con el gremio periodístico tan duramente atacado en este momento. El espionaje al que han
sido sujetos es inaceptable.

¿Espionaje? ¿Existe el espionaje en nuestro país? ¡Claro que existe y
ataca nuestro derecho a la privacidad! El propio presidente 
Peña Nieto dice que se siente espiado y que tiene que cuidar sus
conversaciones telefónicas, lo que parece contradecir su 
aseveración en el sentido de que “es muy fácil convocar para que
se señale al gobierno como una entidad que espía… no hay nada más falso que eso”.

El espionaje existe, no hay duda, y se justifica cuando se utiliza para atacar la delincuencia - recordemos el caso de El Chapo Guzmán- o cuando se pone en riesgo la seguridad nacional. Es una arma indispensable que debe utilizarse con prudencia y sabiduría. El espionaje a periodistas, a defensores de derechos humanos y a la
sociedad en general es inaceptable y debemos levantar, todos, nuestra voz de protesta.

En este caso las declaraciones del nuestro presidente han sido poco afortunadas, por decir lo menos.

Mañana será otro día.

*El autor es presidente de Sociedad en Movimiento

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