Opinión

Todos hacia 2018 

 
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Banda. (FayerWayer)

A casi tres semanas del 4 de junio, los partidos políticos nacionales empiezan a pensar en estrategias de coalición formal e informal, tanto para las elecciones inmediatas como para las presidenciales del próximo año. Mientras más nos acerquemos a la fecha antes mencionada y las encuestas efectivas demuestren, fundamentalmente en el Estado de México, quiénes son los dos finalistas, las negociaciones entre los bloques de poder empezarán a definir qué papel jugará cada partido el primer domingo de junio y en 2018.

Una cerrada competencia entre el priista Del Mazo y la morenista Delfina obligará al Revolucionario Institucional a acudir a su rival panista y ofrecer condiciones favorables para la elección presidencial, más aún cuando en la entidad mexiquense sólo se vota por gobernador sin poner en juego posiciones en el Congreso local o en presidencias municipales. Lo mismo sucedería con el candidato perredista cuyo objetivo principal es reducir la fuerza del partido de Andrés Manuel, y por lo cual esperaría una compensación con miras a 2018. Si por el contrario la contienda llegara a cerrarse entre Josefina y Del Mazo, entonces las negociaciones rumbo a la presidencial serían diferentes.

Es por esto que en días recientes López Obrador ha insistido en la urgente necesidad de que los partidos de izquierda PRD, PT y Movimiento Ciudadano se unan a las candidaturas de Morena en este momento, porque si no lo hacen ahora dice: “ya no será posible hacerlo en el 2018”. Y es que le queda claro al tabasqueño que si no hay una definición inmediata a su favor, estos partidos estarán negociando con el PRI en función de resultados que no necesariamente le podrían beneficiar en esta y en futuras elecciones.

Estas combinaciones aliancistas parten de un hecho indiscutible: la salida del PRI del esquema ganador en la elección presidencial en caso de que pierda la gubernatura mexiquense. Por eso es que tanto el gobierno federal como el del propio estado saben que se están jugando la cabeza en esta elección, y de ahí el temor ante un ascenso de otro partido y más aún con Morena por sus implicaciones en la elección del 18. El problema es que el descuido, abandono, corrupción y autoritarismo por parte de distintas administraciones en la entidad ya tiene efectos en segmentos de jóvenes que son fácilmente atraídos por propuestas simplistas pero atractivas por provenir de figuras no asociadas a políticos tradicionales.

Es por esta razón que el fuego sobre Delfina se ha centrado principalmente en el tema de la honestidad y el manejo de recursos, que es donde la ciudadanía ha establecido la línea de flotación sobre la cual ha disparado a los políticos al menos en las pasadas elecciones de Veracruz, Quintana Roo y Chihuahua. Quien aparezca como más alejado de ese mundo del dinero ilegal, será considerado por la población como posible acreedor al voto. Y eso se aplica también para la elección presidencial donde seguridad y corrupción se mantendrán como los ejes temáticos.

La descomposición de la seguridad en distintas entidades del país, producto de muchos factores interdependientes, daña los procesos electorales de forma profunda. Un clima de violencia sólo favorecerá al abstencionismo y la desconfianza de la ciudadanía en la democracia como forma de organización política en beneficio de las opciones más autoritarias propias de un pasado que creíamos superado. Los comicios presidenciales de 2018, como las elecciones de las próximas semanas, se realizarán bajo el signo de alianzas y coaliciones abiertas y veladas, propias de un sistema presidencialista debilitado, ante la ausencia de instituciones como la segunda vuelta o la necesaria formación de mayorías parlamentarias para funcionar efectivamente. Así estamos.

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