Opinión

TLCAN, hacer caso
a la sustancia

 
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ME renegociación. (Especial)

Robert Lighthizer, Representante Comercial de Estados Unidos, se puso los guantes desde el primer momento cuando ayer arrancó la renegociación del TLCAN.

Sin embargo, es probable que su duro discurso haya sido sobre todo para consumo público.

La posición norteamericana ratificó lo dicho previamente. Dijo no querer una mera ‘actualización’ del Tratado sino una reforma de fondo. “Sentimos que el TLCAN le ha fallado en lo fundamental a muchos estadounidenses y necesita cambios mayores”, fue su dicho.

También refirió: “Necesitamos asegurar que los enormes déficits comerciales no continúen y que tengamos un equilibrio y reciprocidad”.

No se podía esperar un tono conciliador porque le estaba hablando a su audiencia.

Una encuesta levantada por Pew Research en la primavera de este año encontró que 51 por ciento de los estadounidenses adultos considera que el TLCAN ha sido bueno para Estados Unidos y 39 por ciento señala que ha sido malo.

Pero si se observa ese respaldo bajo la óptica partidista, las cosas cambian. El 68 por ciento de los demócratas lo consideran positivo, pero sólo 30 por ciento de los republicanos piensan que el Tratado fue bueno para Estados Unidos.

Un corte racial también muestra diferencias sensibles. El 66 por ciento de los hispanos es partidario del TLCAN, pero ese porcentaje baja a 46 por ciento en el caso de la población blanca.

Entre los que tienen de 18 a 29 años, el nivel de respaldo es de 62 por ciento, pero sólo 44 por ciento de los mayores de 50 años lo ven con simpatía.

Cuando se observan estos datos y se contrastan con ‘la clientela’ de Trump, se entiende el tono público de las declaraciones de Lighthizer.

Pew Research también pulsó el porcentaje de aprobación del TLCAN entre las poblaciones de los otros socios. En México, fue de 60 por ciento y en Canadá de 74 por ciento, contra un rechazo de 33 y 17 por ciento respectivamente.

Los discursos de Guajardo y Freeland reflejan estas visiones.

Pero luego de cerrarse las puertas del salón del Hotel Marriot Wardman Park en el que se reunieron los negociadores, es probable que los tonos hayan cambiado.

John Melle, quien será el que lleve el día a día de las negociaciones por parte de Estados Unidos, es un viejo conocido de los mexicanos, que participó en el Tratado original y seguramente tendrá un lenguaje diferente.

Las posiciones públicas que expresen, sobre todo los funcionarios del gobierno de Trump, tendrán que ponderarse cuidadosamente. Los negociadores mexicanos deben atender fundamentalmente a lo que les digan y documenten sus contrapartes y no las filtraciones, tuits y discursos.

Si los negociadores de nuestro país hacen caso a la retórica más que a los documentos y negociaciones, llevamos las de perder, porque chocaremos rápidamente. Por fortuna, el equipo mexicano lo tiene claro.

De por sí la parte sustancial de la negociación será difícil, como para adicionarle los ecos de Trump y su equipo.

Más de 20 documentos ya están sobre la mesa y desde ayer y hasta el domingo serán analizados e intercambiados.

Quizá para la segunda ronda, que comienza el próximo martes 5 de septiembre en la Ciudad de México, sepamos cuál será el tono real de los negociadores norteamericanos, más allá de discursos para su galería.

Twitter: @E_Q_

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