Opinión

Tercera ronda del TLC, entre el secretismo
y la retórica

 
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Negociación del TLCAN. (Especial)

La tercera ronda se ha realizado en medio del hermetismo. La secrecía sobre posturas y propuestas medulares se mantiene. No han trascendido propuestas, contrapropuestas o acuerdos. Los jefes de los equipos negociadores de los tres países han declarado generalidades. Del sentido y la escasa información disponible se deduce un modesto avance.

Representantes canadienses han expresado que Estados Unidos no ha mostrado propuestas específicas en temas conflictivos y no parece tener prisa en hacerlo. Quizá sea una estrategia para retrasar las negociaciones y hacia final del año imponer una solución en paquete favorable a los intereses de Estados Unidos (poner a México y Canadá 'contra la espada y la pared'). También podría tratarse de una anticipación de la futura cancelación del acuerdo, amenaza recurrente de Donald Trump.

Conforme se avanza y comienza a abordarse la sustancia del Acuerdo, el proceso se ha vuelto más complejo y difícil.

La postura de los representantes estadounidenses ha sido contradictoria. Mientras su principal negociador rechaza preguntas sobre la ausencia de propuestas específicas de su parte, la vocera del equipo, unos días después, asegura que las negociaciones 'progresan a un ritmo sin precedente', con la presentación de textos en 27 capítulos.

Durante la tercera ronda se han discutido temas relevantes como reglas de origen, solución de controversias, aspectos laborales, empleo, inversión y propiedad intelectual. También, de último momento, entró el sector energético, con lo cual quieren voltear la balanza comercial en favor de Estados Unidos y así lograr la reducción del déficit comercial de Estados Unidos con México (64 mil mdd) que ha sido la bandera de Trump y sigue presionando para que las importaciones mexicanas de combustibles provenientes de ese país se incrementen a pasos más acelerados.

Entre los temas espinosos están las reglas de origen –que tiene en vilo a la industria del automóvil en México y Canadá– y la agenda laboral que el gobierno mexicano quiere seguir manteniendo como un asunto interno, quizá porque la competitividad de México se sostiene en salarios de hambre. Resulta inaudito que sean los negociadores de otros países los que hablen de incrementos salariales. Estados Unidos (EU) ha presentado ya un borrador sobre estándares laborales, pero no sobre los salarios.

En lo que toca a las reglas de origen, EU pide incluir un mayor contenido estadounidense en los productos que se elaboran en la región y de manera específica en los automóviles. Por otra parte, EU quiere eliminar un sistema de arbitraje para resolver las disputas comerciales (capítulo 19), que ha impedido que Washington inicie casos por dumping y subsidios contra empresas de Canadá y México. Ottawa ha sugerido que abandonará las discusiones si se desecha ese capítulo. Otros temas delicados son los relativos a subsidios y a la relación Estado-inversionistas. En áreas como equidad de género, pequeñas y medianas empresas, buenas prácticas regulatorias, transparencia, competencia, comercio digital y telecomunicaciones, los obstáculos han sido menores.

La tercera ronda se ha desarrollado en un mejor clima sencillamente porque no la ha empañado la retórica inflamada de Trump, pero falta mucho camino por andar tras el rechazo mexicano a que el tratado se revise cada cinco años, como propuso el secretario de Comercio de EU. No se debe perder de vista que Trump no ha soltado la idea de salir del TLC si no se satisfacen sus demandas, sobre todo en lo relativo a la disminución del déficit comercial.

Pese a las andanadas de Trump contra México, a su evidente desinterés por tratar a nuestro país como socio, y mientras continúa con el discurso racista y xenófobo que mantiene feliz a sus bases de votantes, el gobierno mexicano ha optado por seguir con una retórica llena de expresiones como seriedad, buena fe y ánimo constructivo. La realidad, sin embargo, no se rinde frente a la palabrería.

Tras el encuentro de Ottawa restan cuatro rondas que deberán concluir antes de que termine el año (la próxima se llevará a cabo en Washington alrededor del 11 de octubre); es decir, cada vez más inmersas en el proceso electoral de México, con todas las debilidades y riesgos que ello implica.

* La autora es senadora de la República.

Twitter: @Dolores_PL

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