Opinión

También aquí hombres naranja

 
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También aquí hombres naranja.

Basta con guglear 'arte feminista' para enterarse, en el primer párrafo de Wikipedia, que fue un movimiento que surgió a finales de los 60 y que abarca, en líneas generales, los esfuerzos y logros del movimiento feminista para hacer más visible el arte realizado por mujeres dentro de la historia del arte y la práctica artística, y que ha de diferenciarse del arte hecho por mujeres.

A partir de esos años, las artistas feministas se integraron y convulsionaron el arte contemporáneo, donde abandonaron las técnicas tradicionales (el canvas) y optaron por medios nuevos como el video, el performance y la fotografía, con los que abordaron la problemática de la mujer en la sociedad y en la historia, en vez de entregarse a simples cuestiones estéticas y formales. Comprendiendo que la “búsqueda de sí mismo” era una fanfarronería masculina en general en la historia del arte y sobre todo dentro del expresionismo abstracto que coincide con la época, estas mujeres trabajaron bajo un paraguas llamado feminismo, integrando un sin fin de cuestionamientos en la obra de arte que producían para denunciar consciente y sistemáticamente las murallas sociales que fueron construidas entorno a la identidad de la mujer.

Uno de los pilares temáticos fueron el cuerpo y la expresión de su sexualidad, ya que la única experiencia personal previa era la apropiación y utilización corporal hecha por los hombres, hecho que denominaron como su colonización. En el arte, las feministas buscaron pasar de ser objetos a sujetos (el cuerpo como arena política), crearon un público específico, trataron temas tabús como la menstruación y la maternidad, representaron en su trabajo el cuerpo, su cuerpo, vaginas y senos que antes habían sido acaparados por la cosmovisión masculina, y algunas lo asociaron con una naturaleza mítica, como una deidad en contraposición con las grandes religiones monoteístas que reforzaban la hegemonía de, adivinen quién…

El feminismo, como ningún otro lenguaje o corriente de nuestro tiempo, como ningún otro 'ismo', ha alimentado la discusión acerca del arte per se, así como las instituciones y estructuras que lo rodean, creó una ruptura, introduciendo temas sociales dentro de la práctica artística, instaurando un diálogo entre artista y audiencia, destruyendo el culto al 'genio' perpetuado por artistas hombres, abogando por la noción de que el género es una construcción social, intentando restablecer las estructuras en las cuales y según las cuales el arte era producido y percibido, etcétera, etcétera, etcétera. Una lista de las artistas feministas que lucharon por transformar no sólo el arte, sino la política, la economía, la educación, las relaciones entre seres humanos, es demasiado extensa e importante para introducirla así, como una lista, pues les debemos mucho: estas mujeres construyeron una arena más igualitaria donde las mujeres artistas que simplemente quisieran hacer arte, pudieran hacerlo.

En estos días hemos sido confrontados por un espectacular retroceso histórico y mediático, y todos hemos cerrado filas contra manifestaciones que añoran la supremacía del hombre ya no blanco sino anaranjado, con sus esperados repuntes de agresividad, xenofobia, misoginia, homofobia y fanatismo dogmático. Pero también ha dirigido toda nuestra atención hacia el norte, cuando nuestros políticos locales han sido grandes detractores de los derechos de la mujer, y que de la misma forma que su contraparte estadounidense, se sienten amenazados por el modelo de hombres y mujeres que han superado estos esquemas de división de género, y que han creado una versión mejorada de sí mismos.

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