Opinión

Sexo y poder

14 noviembre 2017 13:17
 
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acoso

Para mi mamá, mis hermanas y mi esposa*

Las acusaciones de acoso y abuso sexual en la industria del espectáculo en Estados Unidos han colocado de nuevo ese tema en el debate público. Quienes han hecho esas acusaciones son en su mayoría mujeres –hay hombres también–, que en el momento de los hechos denunciados eran jóvenes con aspiraciones de hacer carrera en la actuación; los acusados son productores, directores y actores –todos hombres–, con el poder de impulsar o destruir carreras. Con frecuencia, nos hallamos con historias parecidas en las que los culpables son siempre superiores jerárquicos, ministros de culto, maestros, políticos; todas estas historias tienen un denominador común: el abuso del poder.

El alcance y gravedad de este problema se subrayó hace poco con el movimiento en redes sociales #MeToo, el cual reveló una dimensión casi universal del problema, prácticamente todas las mujeres han experimentado algún tipo de acoso. El abuso y el acoso sexual no son expresiones inocentes del erotismo humano; son transgresiones que implican el mal uso por parte de una persona de una posición de poder para imponer sus deseos por la fuerza física o psicológica a otra en situación de vulnerabilidad. Y siendo la desigualdad en posiciones jerárquicas y económicas la que define las relaciones de poder en una sociedad, quienes más vulnerables se encuentran a este tipo de abuso son las mujeres.

El mundo entero conspira contra quien es víctima de abuso sexual: la misma asimetría de poder que convierte a alguien en una 'presa fácil', debilita la posibilidad de denunciar con éxito a alguien poderoso, por regla general hombres con credibilidad, con cierta edad, con conexiones en altas esferas, con dinero. No es infrecuente que las víctimas sean culpabilizadas aludiendo a juicios de la peor idiosincrasia machista, como “ellas se lo buscaron”.

Sé de primera mano, pues toda mi vida he estado al lado de mujeres que persiguieron carreras profesionales, lo difícil que es para una mujer joven abrirse paso en el ambiente profesional mexicano. Se trata de un ambiente en el que además del llamado 'techo de cristal', abundan las insinuaciones inapropiadas, las miradas lascivas y los chistes de mal gusto; en el que las posibles oportunidades de progreso se cancelan por el hecho de ser mujer; un ambiente que por defensa les lleva a renunciar a parte de su femineidad, a tratar de parecer menos atractivas y vulnerables, y a mimetizarse con actitudes y maneras masculinas.

La eliminación del acoso sexual requiere que abordemos una discusión a la que es necesario entrar a fondo, aunque nos incomode. Y se trata de un debate que no está exento de riesgos. Por un lado, está la discusión amplia sobre el problema raíz que permite que florezcan condiciones para que prospere el acoso sexual, que es la brecha de desigualdad económica, educativa, de poder político y de 'autoridad cultural' entre hombres y mujeres. Pero más allá de eso, de manera inmediata se vuelve necesario seguir creando y fortaleciendo dispositivos seguros de denuncia y mecanismos de protección de los derechos de denunciantes. Siendo un problema de asimetría de poder, las víctimas de acoso por definición se encuentran en desventaja, por lo que es indispensable que existan esos mecanismos de protección. En esto, hay que decirlo, es necesario reconocer que la gravedad de una acusación de acoso opera en ambos sentidos y que se requiere un alto sentido de responsabilidad para acusar, ya que una acusación frívola puede representar el descrédito y el fin de la carrera profesional de quien es acusado injustamente.

En segundo lugar, es necesaria una discusión sobre cómo deben ordenarse las relaciones interpersonales en contextos laborales y sociales para prevenir ambientes de discriminación y desigualdad que faciliten el acoso. Esta discusión debe tomar en cuenta que la prioridad absoluta debe ser el apoyo, la solidaridad y la empatía de todos hacia las víctimas de acoso sexual, quienes sufren consecuencias físicas y emocionales el resto de sus vidas. Bajo esa prioridad que no admite restricciones, está pendiente una reflexión sobre el futuro de la 'política sexual' en una sociedad desigual y machista, y de los espacios, contextos y comportamientos en los que se vuelve posible una sana y necesaria expresión del erotismo humano, el cortejo, el flirteo y la legítima búsqueda de relaciones.

Finalmente, creo indispensable que los hombres en México hagamos un difícil y tal vez incómodo examen de nuestras propias actitudes, actuales y pasadas, de nuestros dichos, actos y omisiones que pudieron robustecer ese ambiente de tolerancia al acoso, y decidirnos a cambiar de mentalidad y desarrollar una mayor disposición para sentir empatía y proteger a quienes son más vulnerables.

Twitter: @benxhill

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