Opinión

Señor presidente

 
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Mensaje de Enrique Peña Nieto. (Cortesía Presidencia)

¿Quién soy yo para dar consejos al señor presidente?

Mis casi 82 años y mi experiencia como estudiante, profesional independiente, empresario, líder social y sobre todo como ciudadano común y corriente, me permiten expresar mi opinión sin tapujo alguno.

Dicho lo anterior, entremos en materia.

Señor presidente:
Empezó su mandato viento en popa y a todo vapor con el Pacto por México y, con ello, el anuncio de un conjunto de reformas que transformarían de manera positiva el futuro de nuestro país. Nos llenó usted de esperanza y generó gran expectativa. Un presidente joven, lleno de ímpetu, con experiencia política, apoyado por el sempiterno PRI, pero con deseos de atender a los ciudadanos y no a su partido, partido que goza de un merecido desprestigio parecido al que padecen todos los demás, sin excepción alguna.

Ganó el PRI la mayoría en la Cámara de Diputados gracias a la coalición y alianza con dos de los partidos de más mala reputación; pero justo es anotar que el PRI ganó una gran cantidad de votos tanto en términos absolutos como relativos, así como posiciones dominantes en los puestos de elección popular (gobernadores, presidentes municipales, congresos locales, etcétera). Pero falta algo muy importante: recuperar la credibilidad, factor indispensable para realizar el proyecto reformista, junto con la capacidad ejecutiva y legislativa de las que dispone y que debe utilizar para el bien de México en la segunda parte de su mandato. La primera, debo confesarlo, me pareció gris, pues se esperaba mucho más de usted y de su equipo.

Promueve usted la honestidad y para esto, entre otras cosas, ha apoyado la ley anticorrupción y tiene razón, pues es la corrupción un cáncer que nos impide avanzar al ritmo necesario. Pero usted, señor presidente, debe dar el ejemplo. Publique con toda transparencia su declaración patrimonial y haga lo necesario para dar una muestra palpable de su honestidad. Recuperar la credibilidad es indispensable para un líder que pretende hacer las reforma de fondo que usted plantea.

Acepte usted, negocie y apoye una alianza con la ciudadanía que la comprometa también a hacer su parte. El compromiso explícito de la ciudadanía y del gobierno, con metas a lograr y plazos, es la base para alcanzar objetivos de elevado alcance, de acuerdo con el inmenso potencial de nuestro país.

Ponga usted como prioridad el ataque a la pobreza y la desigualdad y recomendaría que usted preste particular atención a los indígenas, que son los pobres entre los pobres a pesar de la grandiosidad de su cultura, tesoro que no hemos reconocido el resto de los mexicanos y que habrá que mostrar y dar a conocer no sólo a nosotros, sus conciudadanos, sino al resto del mundo.

Desarrollo económico generador de empleos dignos, combate frontal a la inseguridad, educación de calidad particularmente para los más necesitados, Estado de derecho con particular atención a la corrupción imperante, y ataque a la pobreza y desigualdad, son los ejes, señor presidente, para sacar este país adelante, ni más, pero tampoco ni menos.

Haga usted cambios en su gabinete. Pídales la renuncia a los que no han dado los resultados esperados, y a los que han dado muestras de deshonestidad. Esto será una prueba de que el cambio va en serio. Las palabras no convencen, los hechos sí.

Los partidos de oposición tienen su propia agenda, pero ésta, si sus contrincantes son patriotas, no puede ir en contra de un ambicioso programa de desarrollo integral y de lucha por la honestidad. Si su programa, el de usted, tiene éxito, los radicales que a todo se niegan cavarán su propia tumba. Que hablen los resultados y callen los demagogos.

Señor presidente, mi horizonte, por mi avanzada edad, es muy limitado; el de usted es amplio, muy amplio. Se encuentra en la cúspide de su mandato y puede hacer mucho por México, más de los que usted mismo se imagina. Dios le ha dado esta oportunidad única, y es un privilegio y responsabilidad aprovecharla en beneficio de los mexicanos. Quienes lo han hecho en beneficio propio, que son muchos políticos encumbrados, traicionan a la patria.

Puede usted estar de acuerdo o no conmigo, lo dejo a su criterio. Se lo dice uno de sus conciudadanos que ama profundamente a México y que quiere dejar este mensaje bien intencionado a nuestro país. Usted tiene en esto la máxima oportunidad y la mayor de las responsabilidades, para hacer que nuestro país abandone la mediocridad que actualmente nos envuelve.

¡Que Dios lo ilumine!

Mañana será otro día.

El autor es presidente de Sociedad en Movimiento.

Mañana será otro día.

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