Opinión

Sector agropecuario: 20 años de TLCAN


 
 
 
 
En las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) hace 20 años, uno de los sectores que presentó mayor complejidad fue el agropecuario por su sensibilidad económica y política, así como por las grandes asimetrías con Estados Unidos y Canadá en dimensión, competitividad natural en algunos productos, orientación exportadora y, también, en los subsidios a los productores de esos países. A ello se sumaban los riesgos fitozoosanitarios que involucraba su comercio y la oposición de múltiples grupos de interés en los tres países. Ello derivó en que ese sector tuviera periodos largos (10 años) y extra-largos (15 años) de desgravación arancelaria, incremento gradual de las cuotas de importación y medidas específicas de acceso a mercados; de hecho, la apertura total en el marco del TLCAN se registró hasta 2008, cuando México abrió por completo las importaciones de maíz, frijol, leche y azúcar.
 
 
El TLCAN propició que se redefiniera el esquema de apoyos y subsidios al campo, que prevaleció hasta principios de los noventa, y que se desmontara el obsoleto y corrupto sistema de comercialización de productos básicos que operaba a través de Conasupo. En el primer caso, se instrumentó Procampo como esquema de apoyos directos al ingreso del productor, que implicó homologarlo con los vigentes en otros países y sustituyó los subsidios vía precios (de garantía) y al costo de los insumos, los cuales introducían severas distorsiones en las decisiones de producción. En el segundo, el aparato comercial implicaba que sólo entre 20 y 30 centavos de cada peso llegaran al productor; el resto se quedaba entre intermediarios y burócratas. Si bien actualmente el esquema de subsidios y apoyos (hoy llamados “incentivos”) tiene muchas deficiencias, no hay duda de que es menos ineficiente e injusto que hace 20 años.
 
En el ámbito comercial, México sigue registrando déficit en la balanza agroalimentaria, del orden de 3 a 4 mil millones de dólares anuales, como consecuencia de importaciones recurrentes de granos (maíz amarillo, sorgo) y oleaginosas (soya) que complementan la demanda nacional, pero que constituyen un insumo esencial para la producción y la exportación de cárnicos y de ganado en pie; es decir, productos de mayor valor agregado. En este ámbito, la apertura permitió el acceso a insumos competitivos para la producción nacional. También se han realizado compras coyunturales al exterior por reducciones de la oferta nacional, sobre todo por condiciones climatológicas y sanitarias adversas (heladas en maíz, sequías en frijol, pollo y huevo por influenza, etc.) o porque la producción es estructural o estacionalmente insuficiente, como la de trigos panificables y leche, con evidentes beneficios para los consumidores. En otros casos, como el azúcar, la apertura ha permitido colocar excedentes que de otra manera se habrían traducido en menores precios para industriales y productores de caña, por sobreoferta en el mercado nacional.
 
En los últimos 20 años las exportaciones de frutas y hortalizas han registrado un crecimiento exponencial: de más de 8 por ciento por año las primeras y de más de 5 por ciento las segundas. En productos como el aguacate, pepino, tomate rojo y pimientos México es el primer abastecedor del mercado de EU y Canadá y se ubica entre los cinco primeros de berries, fresa, papaya, melón, plátano, mango, limón y sandía. El caso del tomate es ilustrativo por su competitividad, lo que incluso propició amenazas de una demanda (infundada) de prácticas comerciales desleales por parte de productores estadounidenses.
 
No se trata de minimizar los impactos negativos del TLCAN en el sector agropecuario que los hay, como en la producción de oleaginosas y de porcinos. Hay que reconocer que nuestros socios comerciales también lo han aprovechado; sin embargo, su impacto neto ha sido favorable y se ha traducido en mayor productividad, competitividad y complementariedad para las cadenas de valor del sector. Habrá que reforzar esas tendencias y aprovechar otras oportunidades comerciales.