Opinión

Se va Waxman, “Elliot Ness de los demócratas”

Para las elecciones intermedias de noviembre en Estados Unidos, los demócratas no tienen muchas esperanzas de ganar la mayoría en la Cámara de Representantes, razón a la que obedece, en parte, el retiro de Henry Waxman, uno de los más agudos y experimentados investigadores de las cañerías del poder que surgieron de las cenizas del escándalo Watergate en 1974.

Llamado el “Elliot Ness de los demócratas” por The Nation, Waxman simbolizó con el diputado federal George Miller, quien también anunció su salida del Capitolio en enero, a una generación liberal, reformista y harta de las corruptelas de Washington, al que juró cambiar como hemos escuchado tantas veces, incluyendo a Barack Obama, para acabar incorporada a las entrañas del monstruo; sin embargo, sus primeros años, durante el vuelco a la derecha de la “revolución conservadora” de Reagan, estuvieron entre los más productivos y sentaron las bases para impulsar leyes contra la infición ambiental y en favor de la nutrición infantil, el acceso a los medicamentos genéricos y la atención a los enfermos de sida.

Legislador por un emblemático distrito de California que abarca a Los Ángeles, Santa Mónica, Beverly Hills y West Hollywood, Waxman, de 74 años, encabezó comités y subcomités de Energía y Comercio, así como de Supervisión y Reforma Gubernamental, con los que siguió la pista al gigante de servicios petroleros Halliburton –que dirigió Dick Cheney, vicepresidente del régimen Bush– en el saqueo de Irak, pero también a la quiebra de la firma Solyndra, tras recibir un préstamo de 535 millones de dólares del actual gobierno.

Capítulo

“Cuarenta años han pasado muy rápido. Tengo una gran satisfacción por nuestros logros parlamentarios y este es un buen momento para moverse y abrir otro capítulo”, manifestó al anunciar su retiro después de veinte periodos y de convertirse en el 17 representante que no buscará reelegirse en noviembre –diez son republicanos y siete demócratas–, mientras que hay otros 14 que intentarán llegar al Senado o gubernaturas estatales.

Waxman insistió, dice The Washington Post, en que su salida no se debe a la frustración por el clima enrarecido que se apoderó del Capitolio por el extremismo del Tea Party y los republicanos, del que la reforma migratoria es un buen ejemplo. Su asiento, añade, parece seguro, pero el oficialismo requiere ganar al menos 18 distritos para recuperar la Cámara baja, lo que está fuera de su alcance.