Opinión

Rentistas, a la defensiva

 
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Mitigar desigualdad: ¿habrá tiempo?

México no ha crecido a buen ritmo, ni la desigualdad se ha reducido, porque no hemos sido capaces de salir del 'capitalismo de cuates' (crony capitalism). Esa estructura la compartimos con América Latina y tiene raíces históricas muy claras, pero no hay razón para soportarla eternamente. Sin embargo, como ocurre con todos los cambios de reglas, terminar con esta estructura extractiva implica quitar a algunos los privilegios que les han permitido vivir de los demás, es decir, de nosotros.

Evidentemente, los rentistas, los que han vivido de cobrarnos de más, se defenderán todo lo que puedan. Han sido tan exitosos en eso que llevamos 150 años trabajando para ellos. Como usted sabe, a partir de 1870 el mundo crece de forma acelerada (había empezado antes, pero sólo en algunos lugares), y los recursos necesarios para ello fueron extraídos por las potencias centrales de todo el resto del planeta. Acá, en América Latina, a través de las élites, que construyeron las fortunas más obscenas imaginables.

El populismo de los años treinta aprovechó esa gran desigualdad para llegar al poder, pero no para terminar con las élites, sino para ampliarlas. A partir de entonces ya no sólo eran oligarcas de viejas familias, sino también generales, líderes sindicales y campesinos, y políticos, los que participaban del saqueo. Todo se acaba y el fin de ese sistema ocurrió en los años ochenta, y hubo que buscar una salida. Abrirse al mundo fue un gran paso, pero insuficiente debido a que, otra vez, lo que se hizo fue ampliar las élites, entregando a los cuates empresas que el Estado manejaba ineficientemente (bancos, telecomunicaciones, acero).

Hubo que hacer una nueva ronda de reformas para avanzar. Las hicimos en 2013 y 2014. Esas reformas le quitan poder a los empresarios de telecomunicaciones y medios, a los sindicatos de maestros y petroleros, fuerzan al pago de impuestos a miles de evasores, y todos ellos se enojan. El gobierno promotor de las reformas, además, arrastra el estigma tradicional de la corrupción, y le suma buenas dosis de ineficiencia y autismo, de forma que en lugar de cosechar el indudable orgullo de transformar al país, sólo recibe el enojo general. Problema de ellos, evidentemente.

Pero el problema para todos sería traducir ese enojo en una vuelta atrás en las reformas. Repito, para que no haya duda: las reformas son importantes porque quitan poder a los grupos que han vivido de extraer rentas (dinero) de los demás. No importa si son empresarios, trabajadores, médicos o consultores, recibían más de lo debido porque tenían privilegios: evadían impuestos, controlaban el mercado, usaban a Pemex para su propio beneficio, vendían plazas.

Si las reformas causaron tanto enojo entre estos grupos, es porque funcionan. Sí les están costando y por eso repelan. Y precisamente por lo mismo, hay que fortalecer su aplicación, no revertirla.

En este sentido, preocupa la discusión que se ha dado en los últimos meses acerca de cancelar una de las medidas más importantes para que haya competencia en telecomunicaciones. Puesto que el problema en ese mercado va más allá de la falta de competencia y se parece mucho al control monopólico, el Congreso decidió establecer la figura de empresa preponderante para aplicar medidas mucho más duras que las que pueden aplicarse en casos de competencia simple.

Una de esas medidas es la tarifa cero de interconexión, aplicada a Telmex-Telcel para terminar con el control casi monopólico de ese conglomerado en las telecomunicaciones. Gracias a ello, entre otras medidas, por fin hay competencia en el sector, y el costo de las telecomunicaciones en México ha bajado.

Pero, ya le decía, los rentistas se defienden y quieren echar abajo la medida. Sería gravísimo para el país, como mañana le detallo.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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