Opinión

Primera asonada

    
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El presidente venezolano, Nicolás Maduro, durante una conferencia en el Palacio de Miraflores en Caracas. (Reuters)

El primer intento golpista en la dictatorial Venezuela de Nicolás Maduro tuvo lugar el pasado viernes y duró apenas unas pocas horas. El anuncio videograbado del capitán Juan Caguaripano que se rebeló en contra de la “tiranía de Nicolás Maduro” fue controlado y resuelto en menos de 24 horas.

A la esperanza en varios rincones de Venezuela -los muy pocos que lograron enterarse- y del mundo que observaron la aparición de una disidencia militar como un signo de fractura en el sólido respaldo de las Fuerzas Armadas, siguió una enorme decepción al constatar que se trató de un intento frágil, torpe, débil y sin coordinación alguna.

En total fueron casi 30 hombres del Ejército quienes buscaron tomar control del Fuerte Paramacay para, desde ahí, lanzar una hipotética rebelión nacional. El objetivo -dicen los expertos- era ese sitio debido al considerable almacenamiento de armas en el Fuerte. Pero no había aún tenido suficiente difusión el video de los rebeldes, cuando el gobierno anunciaba ya haber controlado un “intento subversivo terrorista”.

Ahí presumiblemente acabó todo, pero lo cierto es que si atendemos la información oficial, fueron detenidos siete rebeldes, dos murieron en el enfrentamiento y lograron escapar 10 con alguna capacidad de armamento sustraída del arsenal.

El susodicho Caguaripano tiene sus antecedentes, ya había sido dado de baja por supuestas acciones rebeldes contra sus mandos, aunque el mismo capitán, designado sólo con el grado de “teniente desertor”
-según el propio Maduro- asegura mantenerse en activo en las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas (FANB) pues no reconoce la baja.

Lo cierto es que la asonada fue casi una caricatura: poco más de 20 hombres de rangos bajos, sin experiencia alguna, sin capacidad de convocatoria o movilización, sin plan estratégico alguno -según la evidencia- poco podría haber hecho a un régimen el día mismo en que instaló la espuria Asamblea Constituyente, resultado del fraude electoral.

Un golpe de Estado, un auténtico levantamiento armado como aquél pretendido por el entonces coronel Chávez Frías en los años 90, que fracasó por cierto y lo condujo a la cárcel, estaba entonces mucho mejor organizado que este. Había mandos, aliados, cuarteles, secciones del Ejército que habían acordado levantarse contra el gobierno. El pasado viernes, el ilusorio Caguaripano, no contaba con ningún respaldo entre los altos mandos castrenses, ninguna promesa de seguirlo desde ningún cuartel o ala del Ejército. Fue un precipitado intento por llamar la atención y probar una eventual cascada solidaria de otros mandos que nunca sucedió.

Los militares juegan un papel fundamental en el régimen dictatorial y antidemocrático de Maduro: son responsables de múltiples compañías estatales, todas aquellas expropiadas por Chávez desde el inicio de su mandato en 1998; según testimonios de venezolanos que han logrado salir de su país, muchas de esas empresas son hoy un fracaso estrepitoso. Hoteles, empresas de servicios, arrendadoras y cientos de pequeños negocios fueron destruidos gradualmente bajo la ilusoria premisa de la propiedad y la administración popular. Los militares han jugado un rol esencial en el desmantelamiento de dichos negocios, enquistados en la corrupción, vendiendo y tomando provecho personal de todo bien o propiedad subsistente.

El gobierno de Maduro está rodeado y sostenido por una red intrincada de corrupción, controlada, dominada, manejada por los militares. Hay registro de cientos de denuncias realizadas en buena medida por los líderes de la corrupción.

El capitán Caguaripano pecó de ingenuo al pensar que su sólo video o anuncio movilizaría a militares en todo el país, llamados por la conciencia. Si cae uno, será un racimo interminable, puesto que cientos están involucrados con células corruptas que manejan negocios y empresas ahora públicas y del Estado.

Mientras no exista una fractura profunda al interior de las Fuerzas Armadas, se ve improbable que Maduro y sus secuaces en la Asamblea puedan ser retirados del poder. La nueva Asamblea, ya instalada, asumió poderes absolutos por encima del Ejecutivo y del actual Legislativo, hoy desplazado de sus funciones. No hay pues margen de oposición política, más allá de la acción ciudadana.

Sin embargo, es la primera asonada militar, de las que seguramente aparecerán otras varias, pequeñas, aisladas, torpes, hasta que se integre una de mayor envergadura capaz de retar y desafiar al dictador y sus compinches.

Hasta entonces, el deterioro brutal de la vida pública y los intentos crecientes por salir del país. México registra ya una colonia de venezolanos refugiados en distintas zonas de la capital.

Twitter: @LKourchenko

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