Opinión

Precampañas

   
1
  

   

Ellos se perfilan para aparecer en la boleta en 2018. (Especial)

Algunos se quejan de que las campañas presidenciales no prenden, pero no hay razón para ello. Ni siquiera son campañas, propiamente hablando. Aunque parezca que llamarlas 'precampañas' es sólo darle la vuelta a la ley, en realidad sí se trata de una etapa muy diferente de la que veremos después de Semana Santa.

Uno de los tres candidatos no necesita precampaña, porque lleva ya más de una década en esto. Para mantener la atención, lo que está haciendo es anunciar desde hoy medidas que normalmente se toman pocos días antes de tomar posesión. Debe pensar que con ellas va cimentando la idea de que su triunfo es inevitable. López Obrador ha anunciado su gabinete en dos partes, la más reciente enfocada en seguridad. En ambos casos, lo que muestra con toda claridad es que no ha logrado atraer nuevos aliados. Buena parte de las personas y grupos que aparecen en sus nombramientos lo acompañan desde hace al menos ocho años. Algunos, casi veinte. Además de no tener nuevos apoyos, lo poco que ha dicho o publicado acerca de planes y medidas indica que tampoco tiene nuevas ideas. El eje de su propuesta es regresar a la época previa a 1982, con un presidente muy poderoso, un mercado más bien cerrado, y poco más que eso.

José Antonio Meade está dedicado en estos días a convertirse en candidato del PRI. El que apenas sea precandidato no es asunto retórico: de verdad no ha sido aceptado por todos dentro del viejo partidazo. Por eso sus eventos públicos son pocos, muy concentrados en el priismo, y lo que abunda son reuniones en corto con los liderazgos locales y sectoriales. Tiene que convencer, acomodarse, repartir, y eso implica también excluir y dominar. Como es candidato del gobierno actual, será quien más golpes reciba y ahora no puede responder. Lo está haciendo Aurelio Nuño en su nombre, y la campaña está utilizando la imagen de su esposa para distraer la atención. Muchos colegas exigen de Meade definiciones concretas en temas complicados, pero no parece que le convenga responder en este momento. Los riesgos de esta etapa son grandes: puede quedar muy rezagado, o puede perder mucha imagen entre el público por acercarse demasiado al PRI. Pero si no logra consolidarse, estaría perdido de antemano.

Ricardo Anaya tiene un trabajo parecido al de Meade. No exactamente lograr que su agrupación política lo apoye, sino lograr que esa agrupación exista. Aunque el Frente pudo registrarse, eso no significa que todos los militantes y simpatizantes del PAN, PRD y MC acepten la idea. Las giras de Anaya parecen tener ese carácter didáctico: explicar y convencer a los simpatizantes de grupos muy diferentes de la conveniencia de la alianza. Por razón obvia, parte del proceso implica criticar al gobierno en turno y al PRI, porque el enemigo externo es la base de la cohesión interna. Anaya criticará absolutamente todo.

Las precampañas, sin embargo, tienen costos que serán evidentes en la campaña formal. En 2012, los ataques de Cordero a Josefina en precampaña se convirtieron en su mayor vulnerabilidad frente a los otros partidos. Ahora, las decisiones apresuradas y ocurrentes de AMLO, la cercanía de Meade al PRI y los excesos verbales de Anaya serán herramientas de sus contrincantes a partir de abril.

Lo que no creo que debamos hacer, en el caso de Meade y Anaya, es evaluarlos desde hoy como si ya fuesen candidatos. Hacerlo implica repetir el grave sesgo de las encuestas actuales: frente a un candidato con 15 años en campaña, los demás parecen insignificantes. Y luego por eso se dicen sorprendidos o, incluso, los menos inteligentes, inventan fraudes inexistentes.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

También te puede interesar:

Energía, autos, ciudades
El fin del mundo masivo
Transformación financiera

Sign up for free