Opinión

Notas de agenda urbana

03 marzo 2017 5:0
 
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Alameda Central. (Cuartoscuro)

Para Lidia Camacho

Uno. En mi libro Paseando por Plateros, llamé a la confluencia de nuestras primeras tiendas departamentales, El Palacio de Hierro, Al Puerto de Liverpool y Las Fábricas de Francia, a unos pasos del zócalo, Pre-Perisur (hoy sería Pre-Antara o Pre-Oasis). De haberse techado sus calles, techumbres encristaladas, nada envidiaría la Ciudad de México (¡qué CDMX ni qué paparruchas!) a los “Pasajes” parisiense.

Uno se podía imaginar a doña Carmelita Romero Rubio, joven esposa del presidente Porfirio Díaz, yendo de “shopping” acompañada de sus amigas. La casa conyugal a tiro de piedra: Calle de la Cadena.

Dos. El sábado 25 de febrero, camino a la Feria del Libro de Minería (el historiador Sergio Miranda presentaría mi libro Ensayos de filología urbana, que tanto debe a Paseando por Plateros), hice tiempo recorriendo sin prisa, “flaneur”, la zona. Bajé del taxi a la altura del Nuevo Cabildo, casi esquina con Pino Suárez. De pasada, mirada al mural colectivo “Quetzalcóatl danza con sus hijos en el Mictlán”, en la Plaza de Tlaxcoaque, y cuya inauguración aprovechó el Jefe de Gobierno para echarse este “rollito”: “Talento urbano en la Ciudad de México, esto es lo que queremos, son los muros que queremos señor Trump, que se lleve la imagen para allá, para que aprenda” (más tarde, más temprano que tarde, decretaría a la capital, Capital del Arte).

Tres. Comentarios al canto. Qué descanso que el doctor Mancera, adalid de las siglas CDMX, llame Ciudad de México a la Ciudad de México. El arte urbano, corrección, no nace en la Plaza de Tlaxcoaque. Dudo que Trump aprenda un jeme de lo que no es su monomanía narcisista.

Cuatro. Dudo entre asomarme a la Suprema Corte, mi lugar de trabajo en los 60’s, o de una vez bajar por 16 de Septiembre, echar un vistazo a las antiguas tiendas departamentales, y doblar en Bolívar. Opto por lo segundo. Ciudad pletórica, paseantes sabatinos, grupos musicales, pocos turistas. Periplo histórico-urbano. Por demás afortunada la mudanza semi-peatonal de 16 de Septiembre (calle que no se camina, no existe). Referentes emblemáticos, por ejemplo la Casa Boker (habría que revalorar la “re-arquitectura” que así se llama entre los especialistas, en realidad cambio del uso del suelo, de Sanborns, a no pocas de nuestras patrimoniales casonas, el Hotel Francia de Aguascalientes por ejemplo). Esquina de La Palma. Esquina de la peatonal Motolinia. Bolívar.

Cinco. Aquí, dos de los sitios de mis peregrinaciones al Centro. La Camisería Bolívar, inaugurada el año que sale a la venta Revista Moderna, y el Pasaje Iturbide. En la camisería saludo a Ramón, ya de tercera generación si no me equivoco, y compro de algunos “gadgets” del “outfit”. El Pasaje Iturbide sigue tozuda, especulativamente, criminalmente cerrado. No hay paso a Gante. Sigo por Madero, antes y para siempre calle de Plateros, rumbo a la Alameda.

Seis. Por razones de espacio, debo al lector de El Financiero, con sus pormenores, mi inútil búsqueda en la feria de libros usados (El declamador sin maestro, de perdida el Nuevo declamador sin maestro); la grata audiencia de un concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional (temporada de 2016), cómodamente instalado frente a una pantalla gigantes, y el buen café degustado al interior del Palacio de Bellas Artes (pendiente, la exposición Pinta la Revolución: arte moderno mexicano 1900-1950).

Siete. Dejo para otra ocasión el comentario del notable texto del doctor Miranda, en la presentación moderada por Belem Clark. Profundo es el conocimiento de Sergio de una ciudad que es, al parejo, cuna de México, matriz metafísica, cruce del Norte y el Sur y las costas, grave ejemplo de una competencia de des-configuración (y caos) emprendida por gobernantes y gobernados. Público breve, joven, receptivo.

Ocho. Oportunidad tuve de leer la 4ª de forros de Ensayos de filología urbana, donde apunto, realista, que también organismos simbólicos (culturales) como el Estado-Nación, las Humanidades, la Literatura y la Ciudad, están en peligro de extinción. Y que la formidable tradición de la novela urbana nuestra no empieza con La región más transparente del aire de Carlos Fuentes. Antes, o coetáneamente, están Heriberto Frías, Federico Gamboa, Martín Luis Guzmán, Rodolfo Usigli, Agustín Yáñez, Rafael Solana, Luis Spota. “Desaparecidos”, “Encobijados” por culpa de la Guerra Sucia Cultural que siguió al 68.

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