Opinión

Nacionalismo
y autocracia

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trump

Más que de un nacionalismo económico como lo practicara y formulara Alexander Hamilton, y Federico List lo aprendiera hasta escribir su Sistema Nacional de Economía Política, el del Sr. Trump suena más bien a un mercantilismo autocrático. El uso de la amenaza, el chantaje y aún de la fuerza no es ajeno a su discurso: primero Carrier, ahora General Motors y Ford, son botón de muestra del camino de espinas a que nos quiere llevar este ominoso gobernante ávido de asumir todo el poder. Y de todo esto tendremos que aprender y saber vivir en los próximos meses y años, antes de que otros poderes reales, tal vez aliados a unos potentes movimientos populares, pongan un hasta aquí a tanto y peligroso desatino.

El nacionalismo que desaprendimos en los últimos treinta años debía haber sido reaprendizaje, reconversión de estilos y políticas, reconstrucción de retórica y capacidades persuasivas, pero fue más bien su puntual contrario: olvido, negación del ingenio, empobrecimiento del verbo que abandonó la política y la visión de largo plazo y renunció ignominiosamente al pragmatismo histórico de que hicieran gala Lázaro Cárdenas y sus sucesores, bien ilustrados en el keynesianismo avant la letre de Don Eduardo Suárez y desde luego dispuestos a formular nuevas versiones de la economía mixta, como lo hicieran con éxito Ramón Beteta y desde luego Ortiz Mena y Salinas Lozano.

La clave de todo, perdida bajo tanta superchería liberista, que no liberal, fue la conducción del Estado, el acuerdo transclasista, el despliegue progresivo, demasiado lento y mañoso, de los compromisos sociales del régimen condensados en la Constitución. Su talón de Aquiles, la posposición sin fecha de término de la reforma fiscal; la rutina impuesta como conservadurismo en la política económica, el retraso en la aprehensión de los cambios del mundo y desde luego la manipulación corporativa hasta llegar a la invención, falsa y engañosa, de una 'democracia peculiar' que no necesitaba del pluralismo representativo y diverso y podía recurrir a la fuerza represiva del Estado para aplastar el menor reclamo de derechos y libertad políticos; participación efectiva y no corporativa; redistribución basada en las organizaciones clasistas y populares. Y así vino el desgaste de régimen y alianzas, la pérdida de ambición nacional y la confusión de los términos fundamentales de la estrategia para el desarrollo.

Hoy urge revisar a fondo el rumbo y los principios adoptados; asumir con claridad lo mal andado y reconocer sin ambages lo echado a perder para intentar un reacomodo interno, político y social, que nos permita capear el temporal desatado por el Norte e intentar un nuevo arreglo con el mundo y en particular con los Estados Unidos de América. No para sacrificar o renegar de lo logrado en materia de comercio e inversiones, sí para arriesgar la forja de una visión regional que no nos encierre sino que nos impulse a hacer del comercio exterior palanca combinada, inscrita en una batería mayor de instrumentos internos, que con el tiempo nos habilite para encontrar un curso diferente para la evolución económica y social.

Esta es la reacción que se espera de nosotros dentro y fuera de México. Lastimoso como está, el sistema político heredado de la larga transición de fines del siglo pasado debe rehabilitarse pronto y el reclamo democrático volverse reclamo social que ilumine las políticas de emergencia y contingencia que la agresividad de Mr. Trump y los suyos nos han impuesto como vitales. Las universidades tradicionales y las tecnológicas; los politécnicos de muy diversa escala; los círculos de opinión y de pensamiento, deben convertirse en cajas de resonancia y creatividad de una exigencia: México debe reaccionar y afirmarse como nación que puede recuperar su dinámica histórica y su imaginación política.

No encerrarse es imprescindible; pero reiterar lo caminado como ruta única puede probarse suicida. Volver con la memoria y valorar la experiencia y lo aprendido. Hay que volver a lo básico que no es el mercado sino la capacidad nacional para gobernarlo.

Correo: economia@elfinanciero.com.mx

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