Opinión

Muros, puentes y laberintos

03 febrero 2017 5:0
 
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Donald Trump

Por Víctor Manuel Pérez Valera.

Donald Trump sigue insistiendo con tozudez, digna de mejor causa, en construir un gigantesco muro en nuestra frontera norte, y el colmo, en que lo pague México. ¡Qué contraste con aquel gran presidente John F. Kennedy que en su discurso de toma de posesión ofrecía puentes para América Latina y para el mundo!:

“A los pueblos de chozas y aldeas en la mitad del globo –proclamó J.F.Kennedy- que luchan por romper las cadenas de la miseria de masas, les proponemos nuestro mejor esfuerzo para ayudarlos…no porque busquemos sus votos, sino porque es justo. Si una sociedad libre no puede ayudar a los muchos que son pobres, no podrá salvar a los pocos que son ricos. A nuestras hermanas repúblicas de allende nuestra frontera meridional, les prometemos…una nueva alianza para el progreso… [luchar por] despojarse de las cadenas de la pobreza]”.

Todavía más, ante el muro de Berlín, Kennedy anunció: “La libertad tiene muchas dificultades, y la democracia no es perfecta, pero nunca hemos tenido que construir un muro…no sólo es una ofensa contra la historia, sino también contra la humanidad, separa familias, esposos, hermanos y a gente que quiere vivir junta”.

Ahora bien, se ha insistido mucho que ante la amenaza de Trump, México debe buscar la unidad. Estamos de acuerdo, pero ¿cómo lograr la unidad? Opinamos que ante todo, debemos derribar los muros y barreras que hemos creado entre nosotros. Para esto puede ayudarnos el mito del laberinto de Creta -los mitos griegos tenían una función pedagógica.-Estamos prisioneros en un laberinto, en el que hay un minotauro, el cual devoraba a 7 doncellas que le sacrificaban cada 9 años. Pues bien, en México, cada día son asesinadas 7 mujeres: el Estado de México tiene la primacía de los feminicidios, 263 en 2016.

Uno de los principales muros son las 379 cárceles del país con más de 230 mil reclusos y sobrepoblación de aproximadamente 24 mil personas. La mayoría de ellos son un verdadero infierno. Un buen porcentaje de los reclusos son inocentes, mientras que para los influyentes, los reclusorios tienen puertas giratorias. ¿Cuándo se va a hacer una eficaz reforma carcelaria que respete la dignidad de la persona, los derechos humanos y fomente los fines más nobles de la sanción penal?

Otro muro que hay que romper es el de la ignorancia. Es necesaria una reforma educativa ética, en valores, una educación personalizante, que parta de la reflexión crítica, que enseñe a pensar y que forme en el uso de la libertad, de la afectividad y de la responsabilidad.
Las empresas pueden ser otras barreras si no asumen la responsabilidad social corporativa, cuyo décimo principio reza: “Las empresas trabajarán en contra de la corrupción en todas sus formas, incluidas la extorsión y el soborno”. Mención especial merece Pemex, que según algunos especialistas tiene más de 20 mil “aviadores”. Sobre esta empresa pesa la sospecha de los sobornos de Odebrecht. De acuerdo a Transparencia Internacional la corrupción en México llega al 30% del PIB.

Existe también, una gran brecha en muchos aspectos de la vida social y política entre la población indígena y no indígena. Alrededor del 20% de niños indígenas no asisten a la escuela y más del 42% de los profesores de esa área, no conocen las lenguas nativas. Además no se apoya suficientemente la riqueza de los valores culturales de las diversas etnias. A este respecto, ha causado impresión en las redes sociales un magnifico discurso de una niña indígena Natalia Lizeth López López.

Podríamos enumerar otros muros y barreras, como el de la delincuencia organizada, difícil de derribar, pero para concluir recordemos, que en el laberinto se encuentra el minotauro, que sería la clase política, la cual adolece de corrupción, ineficacia, sueldos y prebendas desorbitadas, etc., etc. Algunos de estos políticos, decía Germán Dehesa, “no tienen patria ni matria”.

Para concluir, conviene advertir que para salir del laberinto, fue necesario el amor entre Teseo y Ariadna. Todos los mexicanos debemos vivir el amor político -philia politike, según Aristóteles- que es la base de la polis. La amistad política se opone al individualismo egoísta, se expresa en un sentimiento de pertenencia a la comunidad, a la ciudad, al país y se manifiesta en el respeto a los demás, en la cortesía, en el aprecio y la solidaridad en todos los aspectos de la vida.

El autor es Profesor emérito de la Universidad Iberoamericana.

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