Opinión

Migrantes, Muro, Tratado Y Reelección

24 agosto 2017 17:5
 
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Phoenix

Tras su estrepitosa caída por sus declaraciones sobre los sucesos en Charlottesville, Donald Trump regresó a Arizona en búsqueda sus raíces para remontar el bache. Dijo haber condenado nazistas y supremacistas, pero los medios no lo publicitaron, no comentó se desdijo. Sus declaraciones sobre la presencia americana en Afganistán también fueron mal evaluadas. Para colmo su equipo en la Casa Blanca se ha desdibujado y la salida del cuestionado Steve Bannon que dijo su presidencia está acabada, marca el término de un ciclo.

Criticó fuertemente a Obama por sus gastos vacacionales y otros inherentes al cargo, pero él ya agotó el presupuesto anual del servicio secreto dedicado al cuidado de su persona y su familia. De contradicción a la huida va Trump buscando su reelección, sin atinar a definir gobierno. Se distancia de republicanos, a los que critica por no apoyarlo.

En Yuma y en Phoenix retomó un discurso de odio y división. Insistió en la construcción del muro para combatir la migración ilegal a la que asocia con delincuencia y el terrorismo. Pero en esta ocasión no solo lo acompañaron sus fieles seguidores, pobladores rurales en su mayoría; también se hicieron presentes grupos de defensores de migrantes, ecologistas, jóvenes, antinazis y anti supremacistas, para protestar por su presencia y su política. Los disturbios no se hicieron esperar, choques de grupos urbanos con la policía en los alrededores del centro de convenciones.

Los senadores republicanos, McCain y “el tóxico” Flake, así como el alcalde de Phoenix le pidieron abstenerse de asistir para no confrontar a los americanos. No fueron escuchados. Porque Trump está en campaña. No puede gobernar. Pero arengar es lo suyo. Y ya con el ojo puesto en 2020 requiere de mantener vivo su voto. Por eso apoya a Ward para el Senado, quien le acompañó en su gira. Su otrora compañero de campaña, el alguacil Joe Arpagio perdió la elección y hoy enfrenta cargos, Trump, que considera otorgarle el perdón, no se amedrenta.

No cambió, ni moderó su discurso. Por el contrario, en su visión, reafirmar compromisos, honrar sus promesas, destacar sus logros, es la manera de avanzar contra las “fake news” y corifeos que les acompañan. Su discurso directo, duro, es su manera de comunicar sus cuestionables aciertos y afianzar votos. Así que no vaciló. Cargó contra migrantes, por un muro que estima vital y al que pondera; incluso insinuó que si el Congreso no autoriza fondos podría paralizar al gobierno en protesta.

Y desde luego, aprovechó también para amenazar con acabar el TLCAN. Conforme a su plan de campaña si la negociación no avanza en reducir el déficit entonces no sirve. Su ignorancia no le permite entender que la integración regional para mejorar competitividad es lo que ha ayudado a las empresas americanas automotrices a sobrevivir frente a autos europeos y japoneses. Y olvida que la disminución de la migración ilegal pasa por el combate que en México se realiza. La seguridad de su frontera no está en un muro, se centra en la relación con nuestro país que vigila terrorismo y lo previene.

El combate al narcotráfico, que se alimenta de armas y dinero americano, no se frenará con un muro. Requiere de acciones de prevención de adicciones y de frenar la distribución en EEUU, temas que Trump apenas considera. México es un aliado valioso, pero puede también ser un temible mal vecino. Por lo pronto, muchos piensan Trump solo realiza bravatas que no puede cumplir. Las inversiones fluyen a México. En efecto, el Congreso ha frenado sus iniciativas en salud, muro, gasto . Y los jueces sus medidas anti migratorias.

Trump es un viejo empresario que mira el pasado con nostalgia, por el petróleo, el carbón, los bienes raíces, la manufactura, el proteccionismo y la supremacía blanca; en un mundo donde las mayores agencias de rentas no poseen ni un inmueble; los autos eléctricos se manejan solos; la energías renovables se instalan; el talento y el conocimiento, no la raza, son motores de desarrollo; donde automatización y robótica desplazan mano de obra. De derechos humanos, ni idea. Así que Ildefonso Guajardo y el equipo negociador no la tienen fácil. Pero no están solos, les acompañan muchos interesados en que el TLCAN se perfeccione y se amplíe.


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