Opinión

México ya está jodido

 
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Bandera de México (Cuartoscuro)

No es que alguien pretenda hacerlo, es que México ya está jodido. Ha sido un proceso paulatino pero constante. El cuerpo nacional ha ido desarrollando infecciones con el tiempo, con el pus acumulándose y de vez en cuando estallando dolorosamente. Se limpia ese absceso, pero sin poder, incluso sin querer, ir a fondo. El de México es un cuerpo lastimado, que funciona mal, pero sigue vivo. Y sus habitantes ya ven la jodidez con tal naturalidad como un enfermo de cáncer por muchos años convive con su padecimiento.

¿Cuándo se hizo normal hablar de fosas llenas de cadáveres? ¿Cuándo se convirtió en algo habitual mencionar, casi como hablar del clima, balaceras en ciertas ciudades y pueblos? “Ayer hubo una balacera por mi colonia; nos tuvimos que esperar para salir”. Así, sin más, con absoluta frescura y serenidad. ¿Cuándo fue la última vez que se consideraba como parte normal de los riesgos de operar un ferrocarril que se robaran la mercancía de manera impune? ¿En la Revolución con Pancho Villa?

La palabra “desaparecidos” evocaba a las dictaduras del Cono Sur en sus momentos más terroríficos. Ya no es necesario ir tan lejos en el pasado; aquí está el México del presente. Así nomás: “desapareció”. Listo, una palabra que explica y lo dice todo. España y su policía están de cabeza por una joven, Diana Quer, que desapareció el 22 de agosto.

Los esfuerzos por determinar qué ocurrió han sido, como debe ser, gigantescos; no hay línea de investigación que no se esté explorando con lupa. En México habría sido, si acaso, una estadística más. Si se “desaparece” es que probablemente ya no aparecerá, y la vida sigue.

La extorsión era un delito sofisticado. En el México actual (o sea, el jodido) es un costo habitual que enfrentan muchos negocios, del gigantesco al pequeño. Es simple: según el sapo es la pedrada. No es un problema del que se hable mucho, puesto que se desconoce su magnitud y menos todavía el impacto que está teniendo. ¿Cuántos negocios se han cerrado, cuántas personas han perdido su trabajo, cuántos muertos (sí, asesinados) por rehusarse a pagar la cuota fijada se han acumulado? Ese halo de lo usual y que no lo era en este país hace algunos años también puede aplicarse al secuestro en todas sus modalidades (telefónico, express y, por supuesto, “normal”).

El lenguaje indica muchas veces la podredumbre, la etapa correspondiente en lo jodido, de una nación. ¿Cuándo entraron al lenguaje cotidiano palabras como “levantados”, “colgados”, “decapitados”, “pozoleados”, “desmembrados” y “encajuelados”? Un mexicano al que se transportara en el tiempo de hace poco más de 20 años a la actualidad sería incapaz de reconocer la cotidianidad de la impresionante violencia en todas sus expresiones.

Pero algo sí le sería familiar a ese viajero temporal: la corrupción. Los gobernadores como aves de rapiña, las constructoras como fuente de ganancias para los políticos, los palacetes, las fortunas de la noche a la mañana. Jodido, sí, pero normal recordando a Echeverría y López Portillo, ¿qué no?

Twitter:@econokafka

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