Opinión

Los nietos de Slim

 
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Sucursal de Inbursa. (Arturo Monroy)

Esta semana nos enteramos que el empresario Carlos Slim nombró recientemente a dos de sus nietos dentro de posiciones clave en las corporaciones de negocios que encabeza, uno para incidir en su empresa de minería, Frisco; y otro para una firma inmobiliaria en España. Ambos calificarían como millennials. Como reacción a estos nombramientos se ha escrito que el proceso sucesorio está vigorosamente en marcha al interior de sus compañías. Eso es cierto, pero no es la única implicación de esta noticia.

Que el ingeniero Slim nombre a sus hijos o yernos, y ahora a sus nietos dentro de posiciones clave en las empresas que ha forjado no es cosa nueva y a muchos de nosotros no debería importarnos. Él puede hacer lo que le plazca con sus compañías y debe confiarlas a quien crea que tiene potencial para preservarlas y hacerlas crecer. Nadie puede negar que una empresa como América Móvil ha ganado un poderío importantísimo bajo el liderazgo de Daniel Hajj, o que Tony Slim ha jugado un papel determinante en el derrotero de Inbursa.

No obstante ello, vale la pena reflexionar sobre el significado que reviste el hecho de que permanentemente estas posiciones clave estén reservadas para familiares, hijos o yernos, y es razonable argumentar que más de algún empleado de estas corporaciones debió haber pensado a lo largo de los últimos años que, en el afán de un crecimiento profesional ascendente en esa escalera corporativa, le habría valido más la pena haber nacido con ese apellido, o haber desposado a alguna de las hijas de este importante empresario.

Quizá estoy equivocado, y los méritos de cada uno de los varones familiares que han tenido acceso a estas posiciones en ese grupo son consistentemente más importantes que los empleados contratados por el área de reclutamiento. No obstante, desde afuera la percepción orilla a preguntarse qué pensará un mexicano que hoy concluye una muy buena maestría de negocios en Columbia, el ITAM, el Tec o en Stanford: ¿debe enviar su CV a este grupo, en la esperanza de que su desempeño podrá ser reconocido con un nombramiento como al que tuvieron acceso los jóvenes de la familia recientemente?, o ¿debe olvidar esa alternativa y mejor enfilar su solicitud de empleo a Pepsico, Nestlé o Unilever?

Que la corporación más grande del país sea familiar no espanta. Slim está en su derecho. Lo sorprendente es que en el discurso nacional se habla con insistencia de empresas públicas como si fueran meritocráticas, cuando en realidad son manejadas por grupos familiares. Nos estamos haciendo guajes. Quizá nos valdría más la pena reconocernos como verdaderamente somos en la vida empresarial: favorecemos a la familia, nos gusta el linaje, ¿pos’ qué fregados?

Twitter: @SOYCarlosMota

Correo: motacarlos100@gmail.com

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