Opinión

Los andares del hiperrealismo

 
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Seguridad en internet (Shutterstock)

Hiperrealismo es el nombre que se le ha otorgado a la corriente artística en la cual el pintor o el fotógrafo incorpora elementos mejorados a la composición que, siempre basada en una imagen u objeto real, dan lugar a una nueva, resaltada, superada o enaltecida, que desde cualquier perspectiva que se desee apreciar, acaba siendo distorsionada, para el agrado o repudio de quien la aprecie.

México tiene una juventud cada día más preparada, más crítica y, sobre todo, más decidida a no tolerar atropellos de su clase gobernante; a no atravesar episodios de la historia como los que vivieron sus padres, capítulos que van desde el uso de toletes y tanquetas, como en el 68; el desfalco de las arcas públicas, como en el 82; o hasta los errores de diciembre, como en el 95.

Las nuevas generaciones son puntuales seguidores de todas las corrientes de pensamiento que desde las muy diversas trincheras existentes, se alzan con el objeto de exigir una puntual y rigurosa rendición de cuentas, una explicación de las decisiones que democráticamente adoptadas, deban llevarnos por la más pulcra y adecuada conducción de los aspectos que atañen a la Nación, en el camino del crecimiento y la estabilidad social.

En el conocimiento de aquello que sucede y cuáles son las decisiones que se deben adoptar, en el entendimiento más exacto de la política, la cosa pública, la construcción de las ideas debe partir de la observación y apreciación más sólida de la realidad existente y el reconocimiento del objetivo más pluralmente aceptado que se debe perseguir. Nada más peligroso existe que una agrupación social decidida a ejecutar una idea erróneamente concebida, condiciones que parten de la percepción equivocada de los hechos y de la manipulación de las ideas: un caso particular que nos viene a la mente es el sangriento asesinato de los agentes policiales desplegados en Tláhuac para investigar la existencia de movimientos armados, el 24 de noviembre de 2004, en donde vecinos manipulados por criminales los lincharon por suponer que se trataba de secuestradores.

El mecanismo tradicional que la gente tuvo a su disposición para enterarse de la realidad cotidiana, además de la prensa escrita, fue la radio y la televisión. En buena medida, las cadenas noticiosas siguen siendo los vehículos más apreciados por las generaciones adultas para conocer los eventos noticiosos y saber el estado de la política y la administración.

Para las generaciones más jóvenes, sin embargo, la tecnología ha abierto plataformas de acceso a la información que superan a las unidireccionales y les permiten una interacción que dinamiza su pensamiento social: el Internet y las distintas redes sociales que a través de él se distribuyen.

Sin dejar de ser abiertos, receptivos y empáticos con relación al cúmulo amplísimo de atributos que las nuevas tecnologías de la información ponen a disposición de la gente, no podemos dejar de ser cautelosos y críticos con relación a ciertos peligros que la incomprensión de la información y sus fuentes, pueden llegar a significar en lo que viene a ser, para efectos de nuestra opinión, un hiperrealismo social originado en la red.

A lo largo de los meses han circulado opiniones, referencias y “memes” relacionados al Presidente de la República, que subrayan desatinos de su parte con el propósito de enaltecer algún error en el discurso público, algún defecto personal o algún episodio negativo en su relación familiar. El fenómeno ha causado un dañado significativo, -no se si al licenciado Enrique Peña Nieto-, pero sí, sin duda, a la institución presidencial misma. Difícilmente podrá existir algún titular del Ejecutivo que satisfaga las expectativas de la población absoluta del país, que tenga la posibilidad de quedar exento de las críticas que hoy circulan por el internet. Ese fenómeno no producirá una sociedad permanentemente inconforme con su gobierno -pues quizá esa es una de las condiciones de la democracia-, sino un nuevo fenómeno, el de su manifestación perpetua y la generación de una percepción eternamente negativa del país.

El método puede ser devastador si la manipulación de la información y su distribución masiva se lleva por senderos que, buscando hacer daño a un personaje de la política, se desvían y llevan a caer en el error a la población, respecto del entendimiento de la economía o del derecho.

La semana pasada se destacó negativamente el comentario hecho por el Presidente, en el sentido de que la subvaluación de la moneda frente al dólar tenía algunas ventajas (porque favorece la actividad de los exportadores). Es el segundo sobre el tema, después de aquél otro en el que se refirió a ciclos económicos mucho más negativos por los que atraviesan países lejanos
comparables al nuestro.

Las redes facilitan el intercambio de puntos de vista, pero también consolidan una percepción de la realidad nacional en el sentido en que la sociedad misma desee concebirla. La negatividad que recorre las redes genera una desconfianza entre el público, que incluso se refleja en el exterior.

Con independencia de la gravosa presencia de un súper dólar, que puede inclusive ser peor ante el crecimiento de las tasas de interés -una circunstancia internacional inevitable-, debemos considerar además que una de las causas de la depreciación del peso obedece a una salida extraordinaria de capital de los ahorradores, individuos y pequeñas corporaciones que buscan un refugio seguro para su dinero.

No es que el gobierno quede exento de cumplir su parte y todos los pendientes que le faltan, pero debemos de reconocer que, a través de las redes sociales y el ejercicio del derecho a la información, se ha provocado una distorsión de la realidad que trasciende a la percepción del país y la sociedad en la que vivimos; se ha formado un fenómeno de hiperrealismo de la información que nos lleva a caer en un ciclo de negatividad ajena a la verdad: los elogios de la conducción de país en el extranjero no son inventados y las cifras publicadas por el CENEVAL tampoco.

Sin mengua del éxito de las nuevas plataformas de la información, debemos ser conscientes de que la interacción en la red puede ser desalentadora, si no se utilizan todas las herramientas existentes para averiguar la verdad más cercana a los hechos que se quieran conocer. Es válido y necesario que la información fluya, pero es pertinente, también, que sepamos entender, clasificar y filtrar esa información, para que los colores de la obra artística que deseamos percibir no reflejen una tonalidad que se aparte de la realidad, escenarios mucho más oscuros a la verdad. Hablamos de un nuevo acuerdo social.

Twitter:@Cuellar_Steffan

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