Opinión

Llegó el tiempo de las plataformas

Con la más reciente reforma electoral, los comicios federales se adelantan un mes respecto de la que había sido su fecha tradicional: el primer domingo de julio. Con dos excepciones en el último cuarto de siglo, ambas derivadas en experimentos fallidos: Las elecciones presidenciales de 1988 que tuvieron lugar el primer miércoles de julio, y las también presidenciales de 1994 el tercer domingo de agosto. Todos los demás comicios modernos del país fueron, como ya se dijo, el primer domingo de julio. Y a partir del proceso que ya está en marcha serán un mes antes, el inicial domingo de junio, que en 2015 será el día 7 de ese mes.

Con motivo del cambio anterior, todas las demás etapas del proceso electoral se adelantan asimismo un mes. Entre otras una que en todo país con fuerte presencia ciudadana es clave. Me refiero a la fecha que como límite tienen los partidos para presentar ante la autoridad la solicitud de registro de sus respectivas plataformas político- electorales.

Antes de la mencionada última reforma estaba establecido que tal solicitud se presentara a más tardar el 15 de febrero. Ahora con el cambio es –o más bien ya fue- ayer. Por demás está decir que para la inmensa mayoría de los votantes, a pesar de la crispación de ánimos que en ellos se observa, tal etapa del proceso electoral pasó casi totalmente inadvertida.

Mal está un país en el que sus electores ni idea tienen de esa fecha del calendario electoral y menos aún de la importancia de ésta. Luego se quejan amargamente, y por supuesto con sobrada razón, de los partidos y del sistema que éstos forman.

Si alguna vez se dijo, incluso por voz de un presidente de la República, que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, en realidad debe decirse que los votantes tienen el sistema de partidos que merecen, pues de éste surgen los gobiernos en una democracia.

Una encuesta al respecto sería interesantísima. Podrían, entre otras cuestiones, preguntarse a los ciudadanos si están enterados que los partidos, para actualizar su derecho a participar en las elecciones y poder postular candidatos, deben elaborar y registrar ante el INE una plataforma electoral que someterán a la consideración de los votantes durante la campaña.

Más interesante aún sería sondear qué porcentaje de los electores tiene alguna idea, así sea vaga, de lo que es una plataforma electoral. O si alguna vez el encuestado ha leído o al menos tenido en sus manos la del partido por el cual acostumbra votar. Y de ser el caso, raro sin duda, si tiene presente la que considera la propuesta que más le atrajo de ése, su partido político favorito.

Y así podría seguirse con otras preguntas, cuyo grado de dificultad para ser respondidas naturalmente iría en aumento en la medida en que los aspectos elementales del tema van quedando atrás. No tengo noticias de que en el pasado el IFE haya levantado y publicado los resultados de alguna encuesta sobre el punto.

Sin duda los resultados del sondeo que se llegue a levantar sobre este tópico serán demoledores, pero en modo alguno para que nadie se llame sorprendido. Es fácil adivinar cuáles serán tales resultados.

Reflejarán lo que es más que evidente: la bajísima cultura política de la inmensa mayoría de los votantes. Con cifras inversamente proporcionales al grado de enojo y malestar imperantes, en paradójica desarmonía con su desinterés sobre temas fundamentales de la vida pública, más allá del chiste mordaz y el desahogo malsonante. Tal es nuestra triste realidad. Por eso el país está así.