Opinión

La regla del juego es la movilidad

 
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Ciudad de México. (Cuartoscuro)

Innumerables estudios documentan los beneficios que se alcanzan cuando el fenómeno de expansión inmobiliario está sustentado en un plan de desarrollo urbano de largo plazo o uno que reordene las distintas actividades y giros que conforman la vida de una ciudad.

El Distrito Federal vive uno de sus peores episodios de movilidad, que han originado mala calidad del aire y miles de horas en productividad perdida. Entonces, cómo limitar el uso del vehículo con nuevas normas de circulación, si además el transporte público carece de capacidad para recibir el desbordado flujo de pasajeros que dejan las actuales disposiciones para el uso de vehículos.

Es un hecho, como el que en fecha reciente destacó el Colegio de Arquitectos de la Ciudad de México: al día los habitantes de la ciudad pierden 3.3 millones de horas como resultado del tránsito en la ciudad, invirtiendo 43 por ciento de sus ingresos en transporte.

Más revelador no puede ser. La Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad (AMTM) lo midió de otra forma: los congestionamientos viales generan una pérdida de $35 mil 677 pesos al año a cada usuario de servicio público y 18 mil 470 pesos a los propietarios de automóviles.

Así, mientras en ciudades como Nueva York los trayectos promedio son de 38 minutos en transporte público, en la Ciudad son de 2 a 4 horas. Y esa realidad no la puede cambiar, ni la máxima transformación inmobiliaria más innovadora que pueda registrarse, como la que actualmente se ve en distintas arterias de la metrópoli.

Hay incluso quien dice que los precios de las oficinas y vivienda se han ajustado, pero la realidad es que el dinamismo en las plusvalías se mantiene. La solución de fondo sería generar nuevas inversiones en transporte para mejorar su cobertura y calidad.

Mientras el debate siga centrado en intereses políticos y medidas superficiales, la movilidad no encontrará luz al final del túnel.

De usos de suelo

Otra historia que no termina es la del predio de Sierra Amatepec 263, Lomas de Chapultepec, que hace unos días comentamos siempre ha tenido uso de casa habitación.

Como era de esperarse, el magistrado Francisco Barba Lozano, presidente de la Segunda Sala Ordinaria del Tribunal Contencioso Administrativo del Distrito Federal, avaló un Certificado de Acreditación de Derechos Adquiridos para cambiar el uso de suelo y permitir al arquitecto Humberto Artigas construir un edificio de departamentos.

Si bien, según la propia legislación el certificado viola el artículo 45 de la Ley de Desarrollo Urbano, que establece que los derechos adquiridos son válidos “siempre y cuando se hayan utilizado de forma continua” -lo que no sucede en el caso de Sierra Amatepec- el futuro de este predio de Moisés Tussie y varios socios luce poco transparente.

Se sabe que además el proyecto, no respeta el Artículo 6 (fracciones II y VIII) de la Ley de Procedimiento Administrativo del Distrito Federal, al haber convalidado derechos adquiridos para el uso de suelo de seis viviendas en cuatro niveles, cuando el predio era utilizado como casa habitación, y no ha existido el aprovechamiento continuo del uso de seis viviendas en cuatro niveles.

Más aún, desde 1957 (escritura pública 28 mil 554) al 2005 (escritura pública 83 mil 141) se le ha dado uso de Casa Habitación. Fue demolida a finales de 2005 y principios de 2006, y nunca estuvo integrada por departamentos, ya que permaneció como lote baldío hasta finales del tercer trimestre de 2015.

Así las cosas, la falta de transparencia desvirtúa cualquier iniciativa de desarrollo inmobiliario para una ciudad que requiere crecer, pero de manera ordenada.

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