Opinión

La persistencia de
la inflación

 
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inflación

Después de haberse incrementado continuamente durante los primeros ocho meses del presente año, la inflación anual se redujo durante el bimestre reciente y alcanzó 6.4 por ciento en octubre.

El crecimiento de los precios en 2017 ha resultado elevado respecto a la experiencia moderna de México y a otros países. El ritmo anual promedio durante los primeros diez meses fue el mayor de los últimos dieciséis años.

Además, la inflación anual de octubre sólo ha sido superada, para igual mes, en el año 2000. Ésta, a su vez, es una de las más altas del mundo, sólo rebasada por economías con notables desbalances financieros como Venezuela, Egipto, Argentina y Turquía.

Un aspecto central del inusitado agravamiento inflacionario es que, en mayor medida, se ha manifestado en los últimos doce meses. Ello es evidente al tener en cuenta que en octubre de 2016 la inflación anual se ubicó en 3.1 por ciento.

¿Cuáles han sido los motores detrás de este deterioro? En el ascenso de la inflación, parecerían estar predominado los factores de oferta, es decir, las presiones de costos que, por su naturaleza, deberían ser transitorias.

El más antiguo ha sido la disminución del valor del peso frente al dólar desde 2015, que se acentuó en torno a la elección y toma de posesión del presidente Trump, y después se ha revertido parcialmente.

La depreciación de nuestra moneda parece haber contribuido al gradual aumento de la inflación subyacente, es decir, aquella que excluye los elementos más volátiles, los cuales no pueden ser influidos por la política monetaria, observada durante 2016.

Un segundo elemento ha sido el sustancial incremento de las cotizaciones oficiales de los combustibles a principios de 2017. Ello generó un salto inmediato de la inflación anual, la cual siguió subiendo por la transmisión de ese ajuste y de la acrecentada mengua cambiaria al resto de los precios de la economía.

Un tercer componente han sido los mayores aumentos de los precios agropecuarios, especialmente desde mediados del presente año.

Por otra parte, no puede descartarse cierta presión de demanda agregada sobre los precios. Tal fenómeno pudiera estar reflejado en la tendencia alcista de la inflación de servicios, excluyendo vivienda y educación, la cual ganó 1.6 puntos porcentuales durante los primeros diez meses de 2017, para registrar 4.6 por ciento en octubre.

El agudizamiento persistente de los riesgos de inflación ha motivado al Banco de México a restringir gradualmente su postura monetaria desde diciembre de 2015. En un total de diez ajustes sucesivos, la tasa de interés de referencia ha aumentado 400 puntos base, situándose actualmente en 7.0 por ciento.

La política monetaria enfrenta desafíos considerables para conducir la inflación hacia el objetivo permanente de 3.0 por ciento. El primero de ellos es el deterioro mismo de las expectativas.

Con base en la encuesta de analistas que recaba el propio Banco Central, los pronósticos de crecimiento de los precios para este y el próximo año han exhibido una tendencia al alza, con estimaciones de cierre de 2017 cercanas a su nivel actual.

Si bien la inflación promedio de los siguientes cuatro años continúa en aproximadamente 3.5 por ciento, esta variable se ha mantenido virtualmente constante por lo menos desde 2005, a pesar de que la inflación ha rebasado sistemáticamente ese valor.

En contraste, la compensación por inflación y riesgo inflacionario a distintos plazos largos, extraíble de instrumentos de mercado, ha subido durante el presente año y actualmente se encuentra cerca de 4.0 por ciento.

De los factores descritos que han impulsado la inflación, los efectos de los aumentos de los precios de los energéticos y de los agropecuarios deberían disiparse durante el próximo año.

Empero, los otros dos componentes podrían tener un impacto más duradero. En concreto, es posible que las presiones de demanda agregada sobre los precios continúen.

Además, el tipo de cambio del dólar puede seguir aumentando, en especial por la incertidumbre y un posible desenlace, percibido como adverso, de la renegociación del TLCAN y la elección presidencial del próximo año.

Una complejidad adicional al respecto se refiere a la postura monetaria relativa a Estados Unidos, la cual ha sido un elemento importante en las decisiones internas. Una separación de la tendencia de apretamiento de ese país pudiera debilitar más nuestra moneda.

En suma, es prematuro pronosticar reducciones de la tasa de interés de referencia en México. La perseverancia de una postura restrictiva es la única manera de propiciar el abatimiento de la inflación y su eventual convergencia a la meta de 3.0 por ciento.

* Exsubgobernador del Banco de México y autor de Economía Mexicana para Desencantados (FCE 2006).

Twitter: @mansanchezgz

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