Opinión

La moral del PAN

La durísima carta de renuncia del exsenador, exsecretario de energía y exgobernador de Nuevo León panista, Fernando Elizondo Barragán, es un golpe contundente al principal capital del Partido Acción Nacional: su moral.

Desde su fundación, en 1939, Acción Nacional se erigió como el partido de la moral. De hecho, en sus principios fundamentales hablan de buscar el poder para la formación integral de buenos ciudadanos. Es decir, ve el ejercicio del poder como un instrumento fundamental para formar moralmente a buenos ciudadanos.

De acuerdo a la carta de Fernando Elizondo, eso fue echado a la basura por la ambición de los propios panistas. Sin embargo, la mutación que hoy reconoce Fernando Elizondo ya la habían detectado muchos ciudadanos que hoy piensan que todos los partidos son iguales.

Para comprobarlo, sólo basta revisar los escandalosos casos de corrupción en gobiernos panistas que siguen impunes y la estrepitosa caída del PAN en la preferencia electoral. En 2000 llegó al poder, y desde entonces no hizo más que perder y perder, hasta que perdió la Presidencia en 2012.

Hoy, las palabras de Fernando Elizondo deberían calar hondo en la conciencia de los panistas. Palabras que hasta hace algunos años sólo se usaban para describir el PRI, PRD, PVEM, PT y otros.

Corrupción, opacidad, acarreo, afiliación masiva, compra y coacción del voto interno y externo, uso de recursos públicos para fines partidistas, clientelismo, usar puestos públicos como botín, la subordinación del bien común al beneficio personal o de grupo, la mentira y el cinismo como estrategia. Todo le pasó al PAN: Elizondo.

Prácticas que el PAN siempre fustigó en los demás partidos y que, al llegar al poder, se le metieron hasta la médula. El poder los pudrió.

¿Qué tendrán que decir a eso Felipe Calderón, Vicente Fox, Martha Sahagún, César Nava, Germán Martínez, Alejandra Sota, Patricia Flores, Santiago Creel, Emilio González Márquez, Juan Manuel Oliva y tantos otros? La lista es larga, muy larga, y no se salva nadie, porque quienes no participaron de las malas prácticas, tampoco hicieron nada para evitarlas o denunciarlas.

¿Tendrá remedio el PAN? ¿Volverá a ser lo que fue durante décadas?

¿Alguno de los grupos en pugna por controlarlo garantiza su redención?

¿Habrá que fundar un nuevo partido político que sustituya la fuerza moral que tenía? Por lo que dice Fernando Elizondo en su carta de renuncia, perdimos al PAN tal y como lo concibieron sus fundadores y lo sostuvieron varios militantes de enorme estatura moral y política que hoy ya no figuran.

Coincido con la sentencia de la carta: “Cuando los males llegan a ciertos niveles, ya no tienen remedio”.

Hasta el viernes.