Opinión

La inclusión social, el mejor ingrediente
para una mejor alimentación

 
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Diconsa. (Cuartoscuro)

Mejorar la alimentación de nuestras familias es una de las principales preocupaciones de la sociedad mexicana y del Gobierno de la República, que con acciones concretas impulsa políticas públicas que todos los días inciden en la modificación de los hábitos alimenticios de quienes más necesidades tienen.

Esta preocupación deriva de lo que la estadística nos arroja. Hoy en día, son 28 millones de mexicanos que, por razones estructurales, enfrentan alguna dificultad para tener suficiencia, calidad o variedad en su alimentación. Sin duda, el número es alarmante e inaceptable en un país como el nuestro, pero las cifras, más allá de lo impactante que puedan ser, encierran historias de vida que, desde todas las trincheras de la sociedad debemos estar llamados a transformar.

Una mala alimentación incide en el desarrollo humano de las personas, afecta la capacidad de los niños para recibir una mejor educación y representa una preocupación mayor para las familias que enfrentan este reto todos los días.

El Gobierno de la República se ha dado a la tarea de combatir este fenómeno. Es por ello que, a través de la Estrategia Nacional de la Inclusión Social y alineada a los Objetivos de Desarrollo Sostenible que se plantearon en la Organización de las Naciones Unidas, la administración del Presidente Enrique Peña Nieto ha puesto en marcha un ejercicio de coordinación inédito en el que participan las 32 entidades federativas, empresas y sociedad civil para abatir integralmente todas las carencias sociales que impiden a la población más vulnerable ejercer plenamente sus derechos y gozar de una buena alimentación.

Por ejemplo, mejoramos la alimentación a través de la educación. Está comprobado que, quienes terminan la primaria y secundaria, generan un ingreso hasta tres veces superior que quienes no la concluyeron.

Mediante un mayor acceso a la salud o a la seguridad social, cada familia eroga menos en atención médica y puede destinar mayores recursos para incrementar la calidad de su alimentación.

Con el esfuerzo del Gobierno de la República, de los estados, municipios y de la iniciativa privada, este año ha sido implementado el programa más ambicioso de certificación de primaria y secundaria que jamás se haya visto en nuestro país.

Tan sólo entre los beneficiarios de Prospera se certificará a 750 mil adultos y, además, se llevarán a cabo 10.4 millones de afiliaciones al Seguro Popular, con lo que el programa gozará de cobertura universal en salud y de más de 25 millones de apoyos alimentarios que otorga cada mes.

La Estrategia no se detiene ahí. La Secretaría de Desarrollo Social al frente de José Antonio Meade realiza distintas acciones inmediatas que representan la oportunidad para transformar historias de vida.

Comenzamos con el fortalecimiento y la modernización de los almacenes y de la flota vehicular de Diconsa, empresa cuyo esfuerzo permite llevar productos de la canasta básica a los lugares más alejados de nuestro país a precios bajos. La paraestatal, orgullosamente, es hoy la red de abasto más grande de América Latina.

Además de transformar los comedores comunitarios en espacios para una mejor alimentación y de mayor cohesión social, Liconsa ha ampliado su presencia en zonas rurales, llegando por primera vez a más de 400 municipios indígenas con los precios más bajos.

Como parte de la Estrategia, se puso en marcha la Jornada Nacional de Alimentación con el objetivo de brindar opciones para un mejor acceso a la alimentación y fomentar buenos hábitos entre la población más necesitada. Otro esfuerzo que no es menor, es la reducción de los índices de desperdicio de alimento, que en la actualidad alcanza una cifra desproporcionada del 37% de lo que se produce a nivel nacional.

Para enfrentar esta inaceptable situación, se puso en marcha un proyecto conjunto con Bancos de Alimentos de México con el que se busca recolectar más de 11 mil toneladas de frutas y verduras frescas en excelentes condiciones para su consumo y que sin este esfuerzo caerían en el desperdicio. Esta colaboración tendrá un impacto positivo y directo en más de 100 mil familias mexicanas.

La falta de opciones de alimento se convierte en la carencia más sensible que sufre nuestra población. Día a día trabajamos para evitar que la falta de una buena alimentación coloque a los que menos tienen en el círculo de la pobreza. El Gobierno de la República alinea su política social para combatir las carencias como una responsabilidad que ha asumido para transformar las historias de vida.

Los apoyos se traducen en resultados, porque los discursos no son suficientes para que un niño se desarrolle y vaya a la escuela, ni que una madre soltera alimente a su familia. Estamos mejorando las opciones de alimentación de las personas, enfocando los apoyos en donde más se necesitan y asegurando que los mexicanos conozcan y ejerzan a plenitud sus derechos sociales desde una base amplia y firme de programas que nos lleve a consolidar una generación incluyente, con una alimentación sana, variada y suficiente.

El autor es Jefe de la Oficina de la Secretaría de Desarrollo Social.