Opinión

La condición humana

 
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Gabriel García Márquez ha sido traducido a varios idiomas / Bloomberg

En el largo desarrollo histórico de los diferentes grupos humanos su relación ha sido compleja y frecuentemente conflictiva, tanto a nivel de individuos como entre naciones; ello quizá se explica por la propia naturaleza del hombre. En la Biblia, por ejemplo, existen relatos que versan sobre envidias, codicias y poder, entre padres e hijos, entre otros, que terminan en traiciones, peleas, e incluso, en asesinatos. Han sido múltiples las guerras entre naciones por territorios, riquezas o hechos insólitos inexplicables a simple vista.

La aglomeración de gentes en grandes ciudades y las implicaciones inherentes a este fenómeno, llegan al hastío y a una creciente “soledad acompañada”, esto ha acentuado la conflictividad de las relaciones humanas; a ello habría que agregar la pérdida de valores, la disfuncionalidad familiar, el surgimiento de ideologías extremistas: nazismo, fundamentalismo islámico o racismo. La desvinculación social y la pérdida de la identidad de la gente también se advierte en pequeñas comunidades rurales.

En este contexto, diferentes gobiernos en el mundo han buscado reunificar a individuos y a sus familias en sus comunidades con un enfoque integral que incluye el equilibrio ambiental. Taiwán sobresale en este esfuerzo que inició en la década de los ochentas tratando de que las comunidades que se habían vuelto “demasiado frías e impersonales, recobraran la calidez y los estrechos vínculos sociales del pasado”; la promoción de la restauración comunitaria fue una iniciativa gubernamental, la cual fue posteriormente tomada por las comunidades las cuales paulatinamente propusieron soluciones asumiendo un papel proactivo, dejando que el del gobierno fuera complementario. Diferentes desastres de la naturaleza que enfrentó Taiwán y que causaron la destrucción de muchos hogares fue un elemento adicional para reforzar los lazos entre las personas; la gente aprendió a ser solidaria con sus vecinos; se unieron y “encararon sus problemas por si mismas en lugar de esperar ser rescatadas por el gobierno”.

La conciencia cívica ha retomado un nuevo impulso en diversas comunidades de Taiwán y ha sido básica para resolver muchos problemas sociales; lo fundamental ha sido que la gente ha decidido los asuntos de su interés, identificados los retos existentes en su entorno y usado su propia fuerza para enfrentarlos; los viejos de las comunidades con su experiencia y sensibilidad y el respeto que han ganado, juegan un papel trascendental en restablecer el espíritu comunitario; “los aborígenes de Taiwán han regresado a sus raíces para desarrollar sus distintivas culturas tribales; los inmigrantes también están esforzándose por integrarse a la sociedad local y convertirse en pilares de sus comunidades; así, los pueblos agrícolas están desarrollando plataformas comerciales y turísticas”.

En el marco de la reconstrucción del tejido social de las comunidades de Taiwán los templos, que tradicionalmente han sido sitios de adoración, se están convirtiendo en baluartes de la educación y dando nueva vida a la cultura de los pueblos rurales. “Hoy día las clases impartidas en los templos que combinan la fe, la educación y la participación comunitaria, están dando vitalidad a las escuelas comunitarias no urbanas; son como organizaciones no gubernamentales (ONGS) locales”.

En México, donde tradicionalmente la sociedad, particularmente las clases medias y de bajo ingreso han mostrado una gran cohesión social, heredada en buena parte, de las estructuras sociales, políticas y religiosas de los pueblos indígenas desde la época de las culturas prehispánicas, muestra deterioro importante en todos los niveles sociales lo que ha propiciado una actitud egocéntrica y pérdida de valores que ha derivado en actitudes violentas, escepticismo y falta de voluntad para superar la crisis. El gobierno y las organizaciones civiles han activado con parsimonia, difiriendo para el futuro, las soluciones que se tienen que instrumentar para mejorar ya el entorno del país.

En este marco, observo un número ascendente de familias disfuncionales. La disfuncionalidad provoca el uso de drogas, alcoholismo, divorcios, madres solteras, desamor y otras conductas antisociales. La descomposición social y la superficialidad de las relaciones con amigos y su falta de cariño hacia sus semejantes, me ha provocado dolor, decepción y, una especie de autismo que me aleja de la gente, incluso de amigos con los que he mantenido relaciones afectivas por décadas. Siento que la vejez me ha hecho más sensible para ser selectivo en la forma en que me comunico con la gente, sobretodo con las amistades; quizá también sea más intolerante. El escritor colombiano, Gabriel García Márquez, decía que la vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad. Asimismo, aumenta el distanciamiento con mis familiares; la relación no es disfuncional, empero, le falta calor, afecto y reciprocidad.

Los judíos religiosos y los tradicionalistas en el último mes del año judío, Elul, que precede a este último y que se celebró el 14 y 15 de septiembre pasado, consideran que “este mes es un tiempo de introspección en el cual se debe repasar el progreso espiritual de cada judío durante el año; es un momento pertinente para rezar, hacer caridad y aumentar el amor al prójimo, con el objetivo de mejorar y acercarse a una mayor espiritualidad”. Considero que se debe poner mayor voluntad para mejorara los vínculos afectivos; la tarea no es fácil cuando hay resentimientos, ingratitud y egoísmo.

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