Opinión

Entorno internacional, amenaza para la agenda de EPN

Van surgiendo señales claras de una gradual recuperación económica en México. Como siempre, la historia no es homogénea. En ciudades fronterizas repunta el empleo y el Bajío se consolida como imán para la inversión internacional, mientras que muchas pequeñas y medianas empresas, y los comercios en general, padecen porque la demanda sigue estando débil. En mi opinión, es sólo cuestión de tiempo para que la sensación de bienestar sea más generalizada.

Es importante ver que la economía estadounidense mostrará un crecimiento quizá de 3.0 por ciento en el segundo semestre del año. En la recuperación hay fuerzas encontradas. Por una parte, la inversión empieza a despegar e incluso vemos demanda por bienes de capital, área que ha crecido sólo un punto porcentual por arriba de la tasa de inflación durante la última década.

El viento en contra proviene de la desaceleración mundial. Europa está estancada, en el mejor de los casos; la economía china se sigue desacelerando, al igual que muchos países emergentes. El dólar amenaza con fortalecerse demasiado rápido, conforme se espera que la Fed tendrá que aumentar tasas de interés el año entrante; mientras que Europa apenas empieza estímulos monetarios más agresivos. Que ambas regiones estén en ciclos opuestos, complicará las cosas. Según Goldman Sachs, veremos dólar y euro a la par en 2017. A juzgar por lo que ha ocurrido en las últimas semanas, es un escenario posible.

Recordando que 45 por ciento de las utilidades de las 500 empresas más grandes de Estados Unidos viene del exterior, un dólar fuerte reducirá su rentabilidad.

Si Estados Unidos logra mantener su desempeño en 2015, podríamos ver que la economía mexicana crezca 4.0 por ciento, pero es fundamental preguntarnos qué podría descarrilar a Estados Unidos y, de la mano, a México.

El entorno internacional implícito en los criterios económicos de la Secretaría de Hacienda quizá peca un poco de optimista. Asume una recuperación de Estados Unidos, pero no espera un incremento importante en las tasas de interés. En mi opinión, hay dos posibilidades: que el viento en contra detenga la recuperación estadounidense, que crezca menos, haya menos recuperación del empleo, menor presión inflacionaria y, por ende, que las tasas permanezcan cerca de sus niveles actuales; o que la recuperación provoque lo opuesto, y fuerce a que la Reserva Federal aumente las tasas de interés en forma gradual, pero sostenida. Tener un entorno de recuperación y tasas estables en su nivel actual es tan poco factible como que hubiese bajo crecimiento y tasas al alza.

La Fed lleva años imprimiendo dinero y comprando bonos del Tesoro e hipotecarios en el mercado secundario, para así influir en que las tasas de interés se mantengan bajas. Esto ha invitado a que inversionistas compren inmuebles, aprovechando las bajas tasas hipotecarias, por ejemplo. Si sumamos todo lo que han hecho, el balance de la Reserva Federal asciende ya a 4.5 billones (millones de millones) de dólares. Esto equivale a 25 por ciento del PIB estadounidense. Considerando que esta economía genera una quinta parte de lo que produce la humanidad, sería extremadamente inocente pensar que la agresiva inyección de liquidez estadounidense puede irse recogiendo sin generar una secuela importante en todos los mercados financieros del mundo.

Los mercados emergentes con los que competimos tienen serios problemas estructurales, y están siendo afectados porque muchos de ellos fueron los proveedores de materias primas de la burbuja de inversión en inmuebles e infraestructura china que empieza a reventar; ven cómo sus monedas se devalúan, crecen menos, y en algunos casos –como Brasil- entran en franca recesión. En muchos casos tienen un déficit en cuenta corriente relevante que tendrán que financiar con un dólar más caro y a tasas más altas.

México está en una posición privilegiada. Hicimos reformas estructurales y tenemos la posibilidad de financiar deuda en pesos y a plazos largos. Podríamos vernos afectados por tasas de interés más altas, pero éstas ocurrirán sólo si Estados Unidos está en franca recuperación, y si lo están seremos sus principales proveedores de manufacturas y socios estratégicos de creciente importancia en su cadena de abasto.

Sin embargo, sería prudente que moderemos los déficit fiscales que estamos programando. Si vemos los requerimientos financieros del sector público, tendremos un déficit de 4.5 por ciento del PIB este año, 4.0 por ciento en 2015, y llegaremos apenas a 3.0 por ciento en 2017. Consideremos que el costo al que financiaremos ese déficit puede ser mayor a lo esperado.

Se vuelve más importante que nunca que se tomen medidas serias para buscar eficiencia en el gasto público, y que se pongan candados reales para limitar la corrupción que podría engendrar una nueva generación de grotescas fortunas.

Todo apunta a que viene un periodo de alto crecimiento económico y de modernización para el país. Sin embargo, hay que actuar con la prudencia que exige un entorno económico tan complejo. Hay muchas cosas que pueden descarrilarse.

Twitter: @jorgesuarezv