Opinión

LA ALDEA: Desde terapia intensiva

05 diciembre 2013 5:2

 
La ausencia forzada por motivos graves de salud  –un infarto agudo al miocardio no es un tema menor– de Andrés Manuel del cerco al Senado y a San Lázaro ¿debilita o fortalece la protesta pública?
 
 
No ha faltado quien califique como afortunado –en estrictos término políticos– la estancia hospitalaria del líder de Morena en el Médica Sur. Ante un movimiento que se vislumbra como perdedor frente a la casi evidente mayoría que el PRI, el PAN y el Verde reúnen en ambas Cámaras para aprobar la reforma energética, la batalla petrolera de AMLO –una vez más– se veía como un posible signo de debilidad y de derrota.
 
 
Andrés Manuel, desde el hospital, comandará movimiento y acciones en la medida que sus condiciones lo permitan, y hará sentir su presencia a través de su hijo homónimo, quien bien puede debutar en la palestra mayor ante la ausencia de su padre.
 
 
Pero hay mucho más en juego. Esta oportunidad representaba la ocasión para reunificar, aunque fuera parcialmente, a una izquierda dividida, enfrentada, repleta de rencores y rencillas. Aunque cada quien por su lado, el Ingeniero Cárdenas, los Chuchos, AMLO, Ebrard y hasta “de ladito” pero Mancera incluido, integraban un frente en contra de la reforma energética.
 
 
Hace más de diez años que no coincidían todos los líderes de la pobre y maltrecha izquierda mexicana en un objetivo común, en una meta consensuada entre tribus y sectores.
 
 
La ausencia de Andrés, aquejado por dolencias de salud, lo convierte en el caudillo ausente, quien ha dado hasta la salud y “parte del corazón” –no tan metafórico– en la lucha contra lo que él llama  “la gran traición a la patria”.
 
 
El lunes le declaró a Carmen Aristegui que tenía evidencias, documentos, que probaban las promesas y alianzas encubiertas del presidente Peña Nieto con empresas extranjeras para comprometer la renta petrolera mexicana.  Carmen insistió y Andrés, como suele hacer cuando afirma algo que asegura pero que luego no puede probar, lo dejó pasar un poco de largo, diciendo que sí, que los iba a presentar y que iban a buscar un juicio antes instancias internacionales.
 
 
No tengo duda de su actividad y de su intención comprometida con la lucha y el movimiento, pero desde el lecho de un hospital, con sensores múltiples conectados al pecho, durante por lo menos 5 días, será difícil que logre mayor objetivo en las calles.
 
 
En esos cercos en Reforma y San Lázaro, su ausencia puede ser un espacio para la glorificación al héroe ausente, aunque siempre presente en espíritu y por interpósita y cercana persona.
 
 
Pero lo cierto es que sin Andrés Manuel en esas calles y esos cercos, su peso específico en términos políticos se reduce sensiblemente. Habrá movilizaciones sin duda alguna, miles tal vez que acudan al llamado de AMLO –que tal vez apoyen discretamente otros líderes y figuras de la izquierda– pero dentro de las Cámaras, el debate seguirá, se revisará un primer dictamen, se someterá a votación y veremos resultados en menos de 10 días, calculan los ujieres legislativos.
 
 
Desde terapia intensiva y después, por mandato médico desde su casa, Andrés verá su poder de convocatoria y movilización “in absentia” lo que nos dará una auténtica dimensión del músculo y la capacidad de organización.
 
 
Lo interesante es ¿qué harán Cuauhtémoc y los Chuchos y Ebrard? Acudirán de forma simbólica y solidaria en consideración a la salud quebrantada de Andrés, o harán discreto mutis de los cercos, convocando a otras, propias y estelares manifestaciones de protesta. Éste bien puede ser un momento crucial y definitorio para una izquierda decadente, tan necesaria y tan ausente en México.