Opinión

Jalisco está de pie

1
   

    

Cártel Jalisco Nueva Generación. (Tomada de Twitter)

El pasado 27 de noviembre el presidente Peña Nieto anunció las acciones con las que el gobierno federal buscaba relanzar su estrategia de seguridad tras la desaparición de estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa. En su discurso de aquel día, el presidente nombró cuatro entidades en las que se debía avanzar primero en la adopción del modelo de Mando Único Policial: Guerrero, Jalisco, Michoacán y Tamaulipas. Las palabras de EPN no implicaban un juicio directo respecto al panorama de seguridad en dichos estados. Sin embargo, no pasó desapercibido que se pusiera en el mismo cajón a Jalisco (una entidad que se ubica a media tabla en los principales indicadores en materia de seguridad) que a tres estados que, por donde se viera, estaban sumidos en crisis de mayor profundidad.

Tal vez en Los Pinos ya se veía venir el ascenso del Cártel Jalisco Nuevo Generación (CJNG) como la organización más peligrosa del país tras la desbandada de sus principales rivales, Los Caballeros Templarios. Tal vez la inclusión de Jalisco dentro del cuadro de horror era una advertencia para el propio CJNG, o bien un mensaje para el gobierno estatal (los caminos de la política son misteriosos). Tal vez, por el contrario, sólo se incluyó a Jalisco para dar impulso al proyecto de “Fuerza Única” en el estado. El caso es que, después de los eventos de las últimas semanas (incluyendo la emboscada en la que murieron 15 elementos de la Fuerza Única), varios especialistas y líderes de opinión han señalado que Jalisco, efectivamente, merecía ser declarado zona de desastre.

Algunas de estas opiniones reflejan una preocupación sincera en torno a la reciente embestida del CJNG. Sin embargo, no hay que olvidar que estamos en tiempos electorales y que en los últimos días le ha llovido sobre mojado al gobernador Aristóteles Sandoval (al difícil panorama de seguridad se sumó la aparición de un audio en la que su padre se jacta de conductas non sanctas para favorecer al PRI en los próximos comicios). En este contexto, la tentación de tundirle duro al gobierno del estado (y por asociación a los candidatos del PRI) era demasiado grande para que sus adversarios la dejaran pasar.

Independientemente de las motivaciones, el sentimiento de alarma en Guadalajara es real, y parece necesario poner las cosas en su justa dimensión. En materia de seguridad las profecías autocumplidas existen, y sería muy grave que de forma injustificada se proyectara la imagen de que la segunda ciudad más grande del país está incendiada; esta es justamente la intención de los criminales. A continuación apunto tres razones por las que considero que en Jalisco existen condiciones para superar la ofensiva del CJNG.

Primero: en Jalisco no hay una tradición de violencia, ni una base criminal que favorezca el reclutamiento masivo por parte del CJNG.
Aunque en la Zona Metropolitana de Guadalajara hay pandillas juveniles como en todas las grandes ciudades, éstas no tienen un perfil de alta peligrosidad como ostentaba, por ejemplo, Barrio Azteca en Ciudad Juárez. El CJNG tampoco tiene una relación clientelar con sectores amplios de la población (como la tuvieron por años Los Caballeros Templarios en Michoacán) que le permitan reclutar masivamente. Por lo tanto, aunque el CJNG disponga de recursos para orquestar ataques espectaculares, no puede sostener de forma simultánea acciones de intimidación en un alto número de localidades y colonias.

Segundo: avances en materia de profesionalización policial. Ninguna corporación policial es inmune a la influencia del crimen organizado. Sin embargo, en Jalisco hay factores importantes que limitan dicha influencia, en particular la existencia de una Policía Única en la que se aplican de forma sistemática controles de confianza. La Fuerza Única goza de un grado de respaldo ciudadano muy superior a la media nacional (de acuerdo a los resultados de la ENVIPE 2014, el 26 por ciento de la población en Jalisco confía “mucho” en la Policía Estatal, frente a 14 por ciento a nivel nacional). En los días posteriores al ataque, ha sido notoria la solidaridad que la sociedad jalisciense ha mostrado con los policías.

Tercero: una sociedad organizada. Quienes conocemos el estado, sabemos que no será fácil para el CJNG callar a la sociedad civil ni intimidar a los empresarios (ése es, a fin de cuentas, la objetivo de las grandes exhibiciones de violencia). En el largo plazo, no es el gobierno sino el capital social el factor que determina la capacidad de un estado para hacer frente a desafíos de seguridad. Como fue el caso de Nuevo León, en Jalisco hay organizaciones de ciudadanos sólidas y con mucho arraigo que no dejarán de presionar a las autoridades hasta que se recupere la tranquilidad.

Mi más sentido pésame a las familias de los 15 elementos de la Fuerza Única Regional que perdieron la vida en el ataque del pasado 6 de abril. Ojalá su memoria –junto con la de las miles de víctimas de la violencia– dé impulso a la profunda transformación que México necesita para recuperar la paz.

Twitter: @laloguerrero

También te puede interesar:
Frontera sur
Base cero
Paz sin justicia