Opinión

Informes de Gobierno
o una puesta en escena cada vez más vacía

 
1
 

 

informe

Es curioso (y no) que en los Informes de Gobierno la política figure tan poco.

Es curioso, pues, en México al igual en muchísimos países del mundo, mucho de lo que hace el gobierno todos los días es política pura y dura. Política pura y dura en el sentido de tomar decisiones orientadas a asegurar, entre otros: la protección y la permanencia en el poder del grupo que controla las riendas del gobierno, a conseguir obediencia y apoyos indispensables para poder gobernar, a dividir o debilitar a los contrincantes, y a intentar (con éxito decreciente en el caso mexicano) administrar los conflictos con el mínimo indispensable de violencia abierta.

No parece muy raro, por otra parte, que al informar sobre la acción del gobierno los mandatarios no mencionen, ni por asomo, la política. No llama la atención por la misma razón que a nadie le parece curioso que una representación (convencional) de La Traviata no incluya mención alguna de las horas interminables de ensayo que su puesta en escena involucró.

Igualito pasa con los Informes de Gobierno. Básicamente porque estos son, antes que nada, representaciones simbólicas. Puestas en escena de lo que se quiere que se entienda por “gobierno”. Digo “se quiere”, pues se trata de un deseo bastante compartido. Una necesidad colectiva de imaginar que hay una entidad ubicada por encima de nuestras diferencias que: 1.- Está a cargo de la conducción de todos; 2.- Tiene como única misión hacerse cargo del bienestar colectivo, y 3.- Se dedica incansable a ello, echando manos de los mejores instrumentos técnicos a su alcance.

Dado que este tipo de representaciones tienen cada día menos arrastre entre nosotros, lo que haría falta para hacernos sentir que sí hay gobierno sería uno capaz de hablar de la política y, con ello, reconocer los desafíos gigantes que enfrenta la gobernabilidad en el país.
Gobernar México, dada su geografía, sus profundas divisiones, y su monstruosa desigualdad, ha sido difícil siempre. Nunca antes, sin embargo, habíamos enfrentado el desafío de tratar de asegurar la gobernabilidad de un país tan terriblemente desigual, en un contexto marcado por normas democráticas sin escapatoria y por una competencia electoral tan intensa, costosa y feroz.

Desigualdad nunca antes vista, competencia exacerbada por los votos e incapacidad para enfrentar la presión de Estados Unidos para hacerle el trabajo sucio en la guerra contra las drogas, así como de los poquitos riquísimos mexicanos aferrados a seguirse apropiando del grueso del valor que generan la mayoría de los mexicanos con su trabajo.

No es raro que en un contexto así, el gobierno se dedique a la política pura y dura y deje en los márgenes los aspectos técnicos de su acción cotidiana (las famosas “políticas públicas”). Lo raro es que casi nadie hable de esto. Que se nos vaya toda la “discusión pública” en lo deseable (en clave “tendríamos que ser Dinamarca” y que asco ser México), y no nos ocupemos, ni en los Informes de Gobierno ni en (casi) ninguna otra parte, de ver cómo lidiamos con la realidad tortuosa y compleja para tratar de hacer efectivamente posible lo deseable.

Twitter: @BlancaHerediaR

También te puede interesar:
Calidad educativa, la necesidad de una reforma sistémica
​Una época ansiosa (un libro que ayuda a entender a los Estados Unidos hoy)
¿Cómo vamos en calidad educativa?