Opinión

Información y poder

      
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Durante el siglo XX, la discusión pública ocurría a través de los medios masivos. Usted se enteraba de los grandes problemas nacionales en la televisión, radio o periódico, y ahí mismo escuchaba argumentos alrededor de ellos. En países autoritarios, como era México durante buena parte del siglo, no había mucho argumento, sino sólo razones o excusas detrás de las 'noticias'. En otros países, más democráticos, sí ocurría un debate, controlado, para dar contexto a los temas. Algo parecido a lo que usted ha podido ver en México durante los últimos 20 años.

Hubiese o no esta discusión alrededor de la agenda pública, ésta se decidía entre pocas personas, y nos era transmitida mediante los medios masivos. Todos teníamos más o menos la misma información, y el pequeño abanico de opciones disponibles: aumento salarial, o aumento de impuestos; más gasto social, o más gasto en defensa; más o menos libertad en la vida social. Con base en esa información y opciones las personas decidían su voto entre, normalmente, dos partidos políticos: Demócratas o Republicanos, Laboristas o Conservadores, Democristianos o Socialdemócratas. Le insisto, acá en México ni eso había, así que ni discusión ni votación.

Pero el fin de los medios masivos implica que cada persona puede obtener su información de manera totalmente independiente del centro de poder. Y puede escuchar discusiones al respecto, con opciones totalmente distintas de las tradicionales. Así, en Gran Bretaña han crecido partidos como los Liberales y los Independentistas; en los países del continente, las opciones populistas en ambos lados del espectro: Podemos o Cinco Estrellas, del lado izquierdo; Frente Nacional o Alternativa por Alemania, del lado derecho. Y además han crecido libertarios y ecologistas. En Estados Unidos, donde los partidos no son fáciles de desplazar, lo que ha ocurrido es una dispersión a su interior: el Tea Party y ahora los trumpistas, en el Republicano; la izquierda franca de Bernie Sanders y Elizabeth Warren, en el Demócrata. No me detengo en México por el momento.

El fenómeno creo que puede denominarse con la palabra que usé para Estados Unidos: dispersión. En lugar de tener hoy dos opciones, izquierda y derecha, lo que tenemos es una gran dispersión, tanto de intereses como de opciones. No es que los intereses de las personas hayan sido antes sólo de dos tipos, sino que tenían que acomodarse en esas dos posibilidades, porque no había más. Siempre ha habido personas que tienen diferente inclinación sexual, orientación ambiental y natural, preocupación alimenticia e intereses diversos en general. Lo que no podían era convertir eso en un tema político, porque ni siquiera les era fácil encontrar otras personas que compartieran sus inclinaciones y gustos.

Hoy puede uno encontrar quienes sí comparten nuestros gustos, aunque estén en otras ciudades o países, gracias a las tecnologías de información y comunicaciones, y su aplicación en redes sociales. Y eso nos permite compartir información y desarrollar argumentos con ellos. Y la conformación de estos grupos implica la construcción de opciones políticas. La agenda pública hoy la construyen todos a través de las redes sociales. Los políticos tienen que reaccionar a ella, y no pueden, por eso parecen más inútiles que de costumbre. Es más, por eso parece que los gobiernos ya no pueden gobernar.

Tal vez el primer impacto concreto de esta dispersión haya ocurrido en 2016, con el Brexit y luego con la elección de Donald Trump. El gobierno británico no pudo evitar el voto en contra, y el gobierno estadounidense (los partidos y las dos dinastías, Bush y Clinton) no pudieron detener a Masiosare. Y esto apenas empieza.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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