Opinión

General Cienfuegos, cátedra prima

“Aquí, en fin, la cortesía,
el buen trato, la verdad,
la firmeza, la lealtad,
el honor, la bizarría,
el crédito, la opinión,
la constancia, la paciencia, la humildad y la obediencia,
fama honor y vida son
caudal de pobres soldados;
que en buena o mala fortuna
la milicia no es más que una
religión de hombres
honrados.”: Calderón de la Barca

Evento inédito, por razones varias, ha representado la asistencia del general secretario de la Defensa Nacional a la Universidad Anáhuac México Norte el pasado 3 de septiembre a impartir la Cátedra Prima de la Facultad de Derecho. En principio por la trascendencia del acto mismo. En el pasado reciente, no existe registro de que el alto mando militar mexicano haya asistido a una institución académica de estudios superiores y menos a impartir cátedra.

En segundo término, resulta relevante que el jefe de los soldados de tierra y aire haya acudido al solemne y emotivo acto de abanderamiento de esa católica casa de estudios en el marco de la conmemoración de sus primeros 50 años de vida.

Naturalidad, apertura y sinceridad del alto mando caracterizaron su ponencia ante un nutrido auditorio de estudiantes y académicos ávidos de cuestionarle. Académico y constructivísimo ejercicio dialéctico civil-militar que debiera multiplicarse y ser cotidiana actividad en la democracia que anhelamos.

Sorpresa grata y altamente valorada por la audiencia recibir y escuchar, contrario a lo imaginado por la mayoría, dada la investidura del invitado, a un soldado de gran sencillez y natural soltura, afable, relajado y sobre todo cercano, desprovisto del boato o accesorias poses tan naturales a otros personajes, abierto a cualquier cuestionamiento, dispuesto a la respuesta clara, sin empacho y sin rodeos.

Natural y obligado, las preguntas abordaron el tema de la participación militar en tareas de seguridad pública. Respuestas claras y precisas -si bien algún medio noticioso torpemente las descontextualizó- quedó claro que las Fuerzas Armadas están en las calles en virtud de la situación que vive el país y en cumplimiento de las órdenes presidenciales, ni vocación ni voluntad autónoma, simple y evidente necesidad de librar a la sociedad de la violencia en un escenario de alta criminalidad, de rebasamiento de la capacidad de los cuerpos policiacos, de altos niveles de corrupción y penetración profunda de la delincuencia en diversos órganos públicos que, en teoría, debieran encargarse de su contención.

Sabido es que la misión fundamental de las Fuerzas Armadas se ubica en los espacios de la seguridad y la defensa nacionales. Lo deseable sería lograr condiciones necesarias que permitieran a las tropas tornar a sus cuarteles, pero mientras la situación obligue la presencia militar para proveer niveles mínimos de seguridad y certeza social, esta será la prioridad: los soldados, institucionalmente respetuosos de la voluntad política, deberán continuar realizando estas labores aunque no les sean enteramente propias.

No se pierda de vista la multiplicidad de tareas que cumplen las Fuerzas Armadas Mexicanas, no necesariamente vinculadas a su naturaleza y razón de ser, sin contar con un marco legal claro y sólido que defina prístinamente los linderos de su responsabilidad. La normatividad que sustenta su actuación en el ámbito interno es frágil, genérica y de gran indefinición, situación que puede resultar seductora y tentadora, como se ha visto, a intenciones personalísimas según la coyuntura. Circunstancias tales no sólo ponen en riesgo la solidez institucional, la armonía del intercambio social y la viabilidad de los proyectos estratégicos, sino la vida interna de la organización armada, cuya sanidad, limpieza e institucionalidad han sido sustento fundamental del orden político en el devenir nacional.

Comprometidos como estamos con reformas estructurales para mover a México, empujar el desarrollo, progreso y bienestar general de la nación, bien podría aprovecharse el ímpetu reformador para generar un marco institucional integral y global que contemple no sólo lo económico, social y político, sino lo militar, aspecto este que toca todos los ámbitos del sistema social y con frecuencia se omite en las más importantes consideraciones, en tanto la situación no se torna crítica.

Valorar la trascendencia y la importancia de un orden jurídico militar explícito, sólido y adecuado a la realidad nacional, debiera ser un ejercicio permanente y pragmático del más alto nivel de reflexión y acción institucional, más allá del simple y tradicional reconocimiento público, en festividades patrias, a la diversificada y sacrificada labor de nuestros soldados.

El autor es analista político. Coordinador de la licenciatura en Inteligencia de la Universidad Anáhuac Norte.

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