Opinión

Fin del monolingüismo

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Los maestros imparten clases en las calles desde diciembre de 2013, luego de que el huracán Manuel dañara la escuela. (Reuters)

Fernando Ruiz.

Investigador en Mexicanos Primero

Según los resultados de la prueba aplicada en 2014 a alumnos egresados de educación secundaria de zonas urbanas de México para evaluar su dominio del inglés dados a conocer en el estudio Sorry. El aprendizaje del inglés en México, 8 de cada 10 jóvenes no reúnen ni el nivel mínimo esperado ni siquiera el correspondiente a un alumno de cuarto de primaria y 52% de los maestros de inglés no alcanzaron el nivel mínimo esperado para enseñarle a sus alumnos.

El fracaso y la simulación que muestran los datos es tan rotundo y evidente que no se puede explicar solamente por la simple ineficacia administrativa y negligencia burocrática. En el fondo refleja una cultura fuertemente arraigada respecto a que el aprendizaje del idioma inglés atenta contra nuestra identidad nacional. Tiene que ver con la forma como las élites concibieron la modernización del país y la ruta trazada para conseguirla. El dramático siglo XIX mexicano fortaleció la idea de que era necesario construir un estado políticamente centralista y socialmente homogéneo, a semejanza de las exitosas naciones europeas, como vía para lograr la modernización del país. Concibieron de manera simplista que la construcción de una nación y un Estado fuerte era la solución de nuestros males.

Las naciones europeas fueron construidas sobre las pugnas territoriales y dinásticas con los Estados vecinos y en menor medida por la homogenización lingüísticas que en todo caso se hizo a partir de la lengua más común o con mayor radio de influencia. El Estado nacional en Europa surgió paralelamente a la estandarización lingüística y aunque eventualmente, a partir del siglo XIX recibió un fuerte impulso estatal, fueron procesos diferenciados. El desarrollo del francés, inglés e italiano cuenta la historia de la expansión de los dialectos parisino, londinense y florentino que se fueron imponiendo paulatinamente como lenguas francas en sus regiones. Fue un proceso en el que las crecientes interacciones económicas y políticas jugaron un papel importante en la consolidación de un lenguaje común. Por esta razón el alemán estándar fue declarada lengua oficial hasta 1902 e incluso sólo hasta 2011, el idioma italiano logró ser la lengua hablada por la mayoría de los italianos.

En México, la adopción de una lengua franca se lleva a cabo a partir de las relaciones de dominación establecidas en la Nueva España, en una primera etapa, excluyendo el uso de los idiomas originales y posteriormente, mediante la imposición del castellano. En otros países, la elección de la lengua franca se facilitó por la lengua elegida, en el caso del inglés porque era un hibrido construido de palabras latinas, anglosajonas y escandinavas y en el caso del alemán porque fue producto de un consenso regional para definir la lengua a utilizar en la documentación oficial.

En realidad, México siempre ha sido un país multilingüe. Mesoamérica fue durante miles de años, zona de tránsito y colonización de multitud de pueblos del norte y del sur del continente. Antes de la llegada de los españoles se estima la existencia de 120 lenguas, sin considerar los territorios hoy ubicados en Estados Unidos. La configuración geográfica del país, constituido por una enorme variedad de microrregiones contribuyó a generar espacios culturales muy diferenciados.

Durante la Colonia, ante la existencia de tal multitud de lenguas, se buscó promover al náhuatl como lengua oficial, ante el evidente fracaso de los esfuerzos iniciales de castellanización. En el siglo XVII los Borbones ordenaron no solo la castellanización sino la extinción de las lenguas indígenas. Pero fue paradójicamente el Estado emergido de la Revolución Mexicana el que emprendió con mayor empeño la política monolingüística. La castellanización en México fue incluido en el nuevo proyecto político posrevolucionario y formó parte de las aspiraciones de desarrollo económico y modernización del país.

Hoy, aunque la mayoría de la población mexicana sólo habla español, cerca del 7% de la población continúa hablando una de las 68 lenguas originarias y al igual que hace 500 años el territorio nacional es asiento de un número importante de pobladores de otras latitudes, principalmente norteamericanos, asiáticos y europeos. También contamos con un número importante de habitantes de origen hispano que son angloparlantes. El reto educativo que México enfrenta el día de hoy, es avanzar hacia el plurilingüismo y generalizar el uso de la lengua franca contemporánea, el inglés.

El nacionalismo revolucionario fue un proyecto político que logró cambiar un país, a costa de restringir la diversidad cultural y lingüística, pero no hay justificación alguna para continuar con la utopía monolingüística. La lengua franca es una realidad presente a lo largo de la historia mundial: el griego, el latín y el francés en Europa, el náhuatl en Mesoamérica, el maya en el sureste de México, el quiche en Sudamérica fueron lenguas francas, como actualmente los son el árabe en el medio oriente y el inglés en gran parte del mundo.

Exijámonos romper con la inercia cultural que nos ata al uso de un sólo idioma como medio de aprendizaje y emprendamos el camino que México siempre ha tenido. Es hora de finiquitar el monolingüismo, reconocer que en realidad siempre hemos sido un país multilingüe y policultural, y movernos a ser un país plurilingue, en el cual todos experimentamos la vida por medio de muchos idiomas.

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