Opinión

Estrategia, casualidad o suerte en la negociación

 
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Marcha CNTE. (Edgar López)

¿Cuál es la estrategia de negociación del gobierno con la CNTE?

Parece que la respuesta es: no tener estrategia. Otra forma de responder podría ser: la estrategia es no negociar.

Ante el contexto político, presiones por parte de las ONG y del sector empresarial, decisiones judiciales favorables a la posición del gobierno y el deterioro de la imagen de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) parecería que la estrategia de 'no negociar', podría ser una movida de ajedrez brillante por parte del gobierno. O tal vez es como 'el burro que tocó la flauta' que sin querer el gobierno federal llegó a esta favorable coyuntura que le permitirá proteger a largo plazo la reforma educativa. Y con este comentario no busco ofender, al contrario, es importante resaltar lo difícil que son las negociaciones para cualquier gobierno (federal o estatal) en donde la falta de un acuerdo podría resultar en el uso de la fuerza.

En mis talleres de negociación y liderazgo estratégico en situaciones de crisis, les digo a mis estudiantes que básicamente los representantes de cualquier gobierno siempre tienen que recordar que en cualquier negociación hay dos principios fundamentales que pueden facilitar o dificultar su trabajo: cualquier acuerdo tiene que ser constitucional, legal y respetando el Estado de derecho. El segundo punto es que la ventaja más importante que tiene el gobierno en la mesa de negociación es que puede amenazar con hacer el uso legítimo de la fuerza.

Digo amenazar porque en el momento que haga uso de la fuerza para resolver un conflicto, esto es un fracaso de los mecanismos pacíficos y democráticos para resolver un conflicto que casi siempre conlleva costos políticos, especialmente si el gobernante no tiene la credibilidad suficiente.

Con el paro magisterial en varias partes del país, sus marchas y protestas, y sobre todo su decisión de no iniciar el ciclo escolar, la CNTE les dio un regalo a los negociadores del gobierno considerando estos dos principios. Con esto los maestros ya usaron la última arma pacífica que podría forzar al gobierno por los costos políticos y humanitarios que conlleva permitir que miles de niños no puedan ir a clases. No sólo está el gobierno dispuesto asumir el costo del paro magisterial, sino que asumen (y con buena razón) que los costos se están transfiriendo a los profesores y la falta de credibilidad de sus demandas. Ahora, lo único que les queda es la protesta violenta –y entre más violenta mejor para el gobierno– que con el tiempo le permitirá que crezcan las demandas de la sociedad y también la credibilidad que se necesita para hacer el uso de la fuerza si es necesario.

Por una parte, de las declaraciones del secretario de Educación, Aurelio Nuño, quien subrayó que “no habrá diálogo debido al paro de labores en el que participa la disidencia magisterial” (tomando una posición de “no negociar con terroristas porque un gobierno no negocia cuando lo amenazan”.) Y con la amenaza de que será transparente y pública cualquier negociación en el futuro, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, le dio una zancadilla a cualquier posibilidad de que se llegara a algún acuerdo económico o que se flexibilizara la implementación de la reforma, simple y llanamente porque la ley sólo se puede negociar en lo oscurito. Ahora, aunque quisiera el gobierno facilitar alguna negociación de la reforma, las ONG como Mexicanos Primero pedirán un amparo que invalidará cualquier acuerdo que podrían violentar la ley como el de febrero de 2015. Y aunque eventualmente tendría que hacer uso de la fuerza para desalojar edificios y carreteras, la promesa de que habría observadores de “la Comisión Nacional de Derechos Humanos o de las comisiones estatales, de organizaciones civiles, y haremos todo tipo de forma de poder observar algún actuar de las fuerzas federales, para que también la sociedad conozca y confíe en su Policía Federal”. O sea que aguas CNTE, eventualmente los que no regresen a clases estarán desempleados y enfrentando golpes y más de la Policía Federal.

Y ni hablar de los beneficios electorales para 2018 si la CNTE, apoyada por Morena y AMLO, se vuelve verdaderamente violenta, intransigente y no vuelve a clases en un año.

Claro que a corto plazo el impacto será para los niños, padres de familia y empresas que tendrán que ser las víctimas del conflicto. Pero ante el cinismo político y la necesidad de debilitar a AMLO, quien apoya a la CNTE, qué mejor estrategia que dejar que la protesta del magisterio se radicalice y se vuelva verdaderamente violenta y así recordar al elector en 2018 quién es el verdadero peligro para México.

Twitter: @Amsalazar

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