Opinión

En la mente del presidente Peña

 
1
 

 

Peña. (Cuartoscuro/Archivo)

“Es obvio que el candidato presidencial del PRI va a ser José Antonio Meade. Si no, por qué tomarse el trabajo de cambiar los estatutos del PRI al cuarto para las doce”.

He escuchado esta afirmación una y otra vez desde que el sábado 12 de agosto se resolvió en la Asamblea del PRI quitar el candado para que un no militante de ese partido pudiera ser su candidato presidencial.

El razonamiento parece impecable. Se argumenta que no tendría sentido haber eliminado los candados si el candidato no fuera a ser el único al que se le aplica el cambio.

Hay muchos priistas y no priistas que eso han creído y ‘la cargada’ a favor del secretario de Hacienda no se ha hecho esperar.

A mi parecer, no se está entendiendo lo que hay atrás de esa decisión.

La primera consideración es que, obviamente, la determinación de realizar una Asamblea para abrir los candados, provino del presidente Peña.

No fue una ocurrencia de algún comité en algún municipio distante del país. Fue una iniciativa que tuvo el sello presidencial.

Pero, en contra de la visión dominante, no fue porque el presidente Peña ya se hubiera decidido por Meade como candidato.

El presidente sigue haciendo evaluaciones y observando el entorno.

La competencia política en el 2018 será muy diferente si hay un frente opositor que reúna al PAN y al PRD. También será distinta si en el PAN se logra el consenso para postular a un candidato con el respaldo de todo el partido o si los panistas terminan divididos.

Elegir a un candidato del PRI en este momento, antes de resolver esas incógnitas, puede parecer positivo por el tiempo que tendría ese prospecto para posicionarse.

Pero si la decisión partió de premisas incorrectas, esa ganancia de tiempo será irrelevante respecto al hecho de haber decidido mal.

Lo que la Asamblea del PRI significó es que para el presidente Peña, Meade está en la final.

Pero eso no quiere decir que ya sea el candidato.

El presidente sabía lo que iba a ocurrir después de la Asamblea, tanto al interior del PRI como fuera de él. Y, para normar su decisión, también quería ver cuál era la reacción que se producía tras la eliminación de los candados.

Quería observar a los priistas, a los demás y también al propio Meade.

Ya lo hemos comentado una y otra vez: la premisa de la decisión del presidente Peña es que el candidato del PRI pueda ganar la elección.

Si no fuera así, por más cercanía que hubiera al presidente Peña, habría que descartar a cualquier prospecto.

Y la probabilidad de tener un buen desempeño electoral no es ajena al entorno que tendremos en el 2018.

El presidente preferirá tardarse en su decisión antes que equivocarse en ella.

El tiempo es importante, pero más que él, lo es el entorno.

Cierto, los nombres van recortándose, pero aún no se han quedado reducidos a uno.

Y, cierto también, entre los que restan está el de Meade.

Una de las últimas pruebas que tendrá el secretario de Hacienda será su comparecencia en el Congreso, probablemente en la segunda semana de septiembre, para defender el Paquete Económico para 2018.

Probablemente ningún secretario tendrá la exposición, con sus ventajas y sus riesgos, que tendrá el titular de Hacienda, en el mes de septiembre.

Finalmente, creo que el presidente Peña hace mucho que dejó atrás a la mayoría de los analistas políticos, los cuales veían al PRI derrotado en Edomex y fracturado tras la Asamblea. La realidad ha sido ligeramente diferente.


Twitter: @E_Q_

También te puede interesar:
TLCAN, hacer caso a la sustancia
¿Qué esperar de la negociación que hoy comienza?
¿Costará de nuevo la larga distancia nacional?